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Pasión por internas ajenas y por nombrar personal

Como si todo estuviera resuelto en su gestión y en su partido, el gobernador De la Sota volvió a jugar en la interna radical. Con gestos hacia Mestre y Jure, brinda señales de diálogo e impulsa el bipartidismo.

07 de mayo de 2014 a las 12:02 a. m.
Pasión por internas ajenas y por nombrar personal

La interna radical recuperó a uno de sus grandes protagonistas: José Manuel de la Sota.

El gobernador, como si tuviese todo resuelto y ordenado en su gestión y en su partido, ha decidido jugar de nuevo en otras fuerzas para intentar acomodar el tablero político general cordobés.

Y después de solazarse con el prematuro aborto de la alianza radical-juecista en busca de parir el frente Unen en Córdoba y de los problemas que dejaron más que incómodos a los dos principales intendentes de la UCR (el riocuartense Juan Jure y el capitalino Ramón Mestre), De la Sota hace ahora gestos de asistencia a ambos jefes municipales.

Surgen dos intencionalidades claras en la acción: para afuera de Córdoba, De la Sota se muestra como un gobernante que trabaja junto con intendentes de otro signo para diferenciarse del kirchnerismo en su apuesta a la quimera presidencial; para adentro, el gobernador intenta posicionar a dos referentes de la oposición para retomar la tradición bipartidista en la provincia.

La tenida Mestre-Jure es incipiente y desigual en favor del primero, por ahora. Empezó a tomar forma con los escándalos que sacudieron la gestión del intendente de la ciudad de Córdoba, en especial porque el riocuartense fue uno de los primeros radicales en reclamar que se removiese a los funcionarios sospechados.

En medio del intento por pararse después del denominado relanzamiento de la gestión, algunos mestristas se quejan justamente de la falta de acompañamiento partidario en este tramo complicado del gobierno municipal.

Olvidan que Mestre podría parafrasear a Luis XIV y decir “el partido soy yo”, ya que todos los órganos de la UCR son encabezados y hegemonizados por dirigentes que responden al intendente, muchos de ellos funcionarios municipales.

Para siempre amigos

Mestre volvió ayer a quejarse de la herencia recibida en términos de personal municipal, en la entrevista que concedió al diario Día a Día.

“El Estado no es para incorporar amigos”, sostuvo, para volver a apuntarle a las masivas designaciones en la gestión de Luis Juez.

Hay algunas incorporaciones en esta gestión en la Municipalidad de Córdoba, más allá de los funcionarios, que contradicen la afirmación.

El tema es que Juez, Mestre, De la Sota, como la mayoría de los actores políticos cordobeses, carecen de autoridad para hablar del aumento de la planta de personal del Estado.

Han usado, y siguen haciéndolo, la variable empleo público para fidelizar seguidores, conseguir voluntades, negociar política, sin reparar en el peso que significará para varias generaciones sostener las elefantiásicas estructuras que arman para cimentar sus proyectos personales.

Hay más de una repartición provincial, y seguramente otras tantas municipales, en las que si fuesen todos los empleados enrolados allí, muchos deberían permanecer el turno laboral amontonados y de pie, como si estuviesen en la popular del Kempes en un clásico.

El problema para Mestre es que él puso mucho énfasis como candidato en que tendría una política de disciplinamiento del personal municipal. Una ciudad que hace dos semanas no tiene control de tránsito, por sólo citar un caso, está mostrando otra cosa.