Parecidos y diferencias con el caso de Ibarra
Aunque es prematuro plantearlo, a nadie escapa que Mauricio Macri podría iniciar hoy su peregrinar hacia la destitución política.Mario Fiore.
Aunque es prematuro plantearlo, a nadie escapa que Mauricio Macri podría iniciar hoy su peregrinar hacia la destitución política si la Legislatura porteña decide crear una comisión investigadora para analizar los hechos por los que está procesado en la Justicia Federal. Es el camino que recorrió el ex jefe de Gobierno Aníbal Ibarra, destituido por juicio político el 7 de marzo de 2006, luego de la tragedia de Cromañón, en 2004.
El macrismo aportó los votos decisivos para que Ibarra fuera acusado por la Legislatura, en 2005. Esto motivó que Ibarra fuera separado del cargo y reemplazado por su segundo, Jorge Telerman. Cuatro meses después, los macristas volvieron a ser decisivos para la remoción definitiva de Ibarra, cuando se aprobó con lo justo la destitución.
Pero hay grandes diferencias entre ambos casos; el de Macri no llega a la instancia de la investigación legislativa parado igual que el de Ibarra. Para empezar, Ibarra superó todas las instancias judiciales, mientras Macri acumuló en dos meses dos fallos adversos. En 2006, la jueza María Angélica Crotto sobreseyó a Ibarra y luego una Cámara Federal y la Cámara de Casación ratificaron su decisión.
Macri, en cambio, fue encontrado presunto responsable de haber cometido abuso de autoridad, falsificación de documento público y de integrar una asociación ilícita para realizar tareas de espionaje en dos fallos: el del polémico juez Norberto Oyarbide -al que la oposición relaciona con los K- y el de la Sala I de la Cámara Federal, firmado por sus tres integrantes.
Otra diferencia entre ambos casos es política. La tragedia de Cromañón tuvo un alto impacto en la sociedad y muchos familiares de las víctimas llevaron adelante una furiosa batalla contra Ibarra, que tuvo repercusiones políticas en la Legislatura. Por ahora, los delitos de los que lo acusan a Macri no han sido probados y, por ende, no tienen consecuencias palpables para la gente. Esto le da más oxígeno para enfrentar un proceso político en su contra.

