Padre de hijos del silencio
Creó el taller Julio Cortázar, que contuvo a decenas de chicos con secuelas de la dictadura.
Eran hijos de desaparecidos, de exilados, de fusilados, de ex presos, pero sobre todo eran hijos del silencio y de la soledad, disimulados entre las multitudes cotidianas. Hasta que por fin, después de un extenso letargo, despertó la primavera y llegó el momento de mirarse a los ojos, de hablar, de expresar lo profundo que estaba amordazado en el corazón. Fue entonces cuando muchos de esos sentimientos encontraron que cabían en el pecho gigante de Roger Becerra, un médico pediatra que había salido a su encuentro del Taller Julio Cortázar. (1983-1995)Roger Becerra murió en la madrugada del domingo pasado, a los 73 años. Fueron decenas de corazones los que latieron mientras se apagaba el suyo. Nacido en San Juan, vino a Córdoba a estudiar y luego encontró un puesto de militancia social en el centro de salud Martínez Estévez, en barrio Maldonado. "Trataba a niños desnutridos; eran su desvelo", cuenta Eduardo Garbarino; "formó residentes, trabajadores sociales, era muy generoso con su profesión", dice Silvia plaza; ambos miembros del taller que coordinaba Becerra."Por cuestiones de seguridad o para que los demás no se alejaran, no hablábamos de nuestras historias. En el taller encontramos un espacio para conocer nuestra historia, para asumir los que nos había tocado como hijos. Roger fue como un padre para mí, para todos", relata Gustavo Álvarez, uno de aquellos chicos que asistía los sábados al local frente a la plaza Colón, y donde se sembró la semilla de la agrupación Hijos.

