No se podía
A pesar de la extenuante campaña del “Sí, se puede”, el resultado electoral no hizo otra cosa que visibilizar lo que había ocurrido en las Paso: que “no se podía” remontar semejante diferencia. Con voluntarismo no alcanza. También hacen falta inteligencia política y sentido de la oportunidad.
El Frente de Todos recibió como tributo la conducción del país gracias a la impericia de Cambiemos en el campo económico y a su incapacidad asociativa en la estructuración política. Por más que Macri haya apelado en sus 30 plazas a lo emocional y lograra recuperar votos “desilusionados”, pesó más la crisis económica, el cierre de empresas, el crecimiento de la pobreza, el aumento del desempleo y la falta de oportunidades, en particular para los más jóvenes.
Si a eso le sumamos la pesadilla que fue la “timba financiera” y la crisis social y política que estaba oculta y que empezó a emerger en América latina producto de la irritante desigualdad, la tormenta para Juntos por el Cambio parecía perfecta. A pesar de todo, la diferencia fue mucho menor a la esperada en semejante contexto, lo que garantiza un mayor equilibrio de poder.
Pasaron las elecciones y hay que reaccionar urgente. El país está en terapia intensiva y requiere cirugía mayor, que suture la grieta. No hay un minuto para perder. Es indispensable comenzar cuanto antes la transición y el futuro exige que todos los sectores se sienten en la misma mesa y puedan delinear los grandes trazos que diseñen un país inclusivo, más justo y con un respeto irrestricto de las libertades individuales.
Alberto Fernández tiene una oportunidad histórica. La misma que no supo aprovechar Macri. Si logra curar heridas del pasado, ordenar su tropa y se lanza en una cruzada contra la corrupción estructural y la especulación financiera, puede quedar en la historia grande de la Argentina. De lo contrario será una nueva frustración.
*Politólogo

