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Niegan la prisión domiciliaria a una apropiadora que estuvo prófuga 26 años

Se trata de Ana María Grimaldos, esposa del ex subjefe de la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) Jorge Vildoza.

10 de septiembre de 2012 a las 11:23 p. m.
Agencia DyN
Niegan la prisión domiciliaria a una apropiadora que estuvo prófuga 26 años

La jueza federal María Servini le Cubría le negó la prisión domiciliaria a Ana María Grimaldos, esposa del ex subjefe de la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) Jorge Vildoza, acusados por la expropiación de un bebe nacido en ese centro clandestino de detención durante la última dictadura militar.

Grimaldos fue detenida a principios de julio tras estar 26 años prófuga, y por su edad, 76 años, le solicitó a la jueza la prisión domiciliaria, pero seguirá en la cárcel de Ezeiza.

Fuentes judiciales informaron a DyN que Servini rechazó el pedido por el riesgo de fuga de Grimaldos por la cantidad de años que estuvo en esa condición y por el testimonio de una vecina que declaró que la mujer salió dos veces del país, una a Europa y otra a Estados Unidos, a pesar de los pedidos de captura en su contra.

Grimaldos y Vildoza están acusados de la apropiación ilegal de Javier Gonzalo Penino Viñas, quien nació en la ESMA en septiembre de 1977 y es hijo biológico de Cecilia Viñas y Hugo Reynaldo Penino, ambos desaparecidos.

Los apropiadores se fugaron con el menor en 1986 y la mujer fue detenida en su casa de la localidad de Acasusso y se declaró viuda, pero no hay constancias de la muerte de Vildoza, por lo que se lo sigue buscando.

Grimaldos fue procesada por Servini de Cubría por la apropiación de Javier Penino Viñas, medida que fue apelada a la Cámara Federal para que revise la decisión de la jueza.

Javier, radicado en Inglaterra, recuperó su identidad el 13 de agosto de 1998 cuando se sometió en el país a un examen de ADN y supo que sus padres eran Cecilia y Hugo.

El joven leyó en 1998 en Internet una noticia que daba cuenta que sobre sus apropiadores pesaba un pedido de captura internacional, ante lo cual le mandó una carta a la jueza Servini en la que le dijo que se ponía a disposición para hacerse el ADN y viajó al país.