Nerviosa al principio, distendida al final
La candidata kirchnerista llegó sobre la hora. Estaba todo su equipo y ningún otro candidato.
Llegó sobre la hora y se le notaban los nervios. La acompañaban dos de sus principales colaboradores, Marisa Velasco y Marcos Ibáñez. Saludó a políticos y periodistas en su rápido camino hacia el detrás del escenario. Ya sentada en el camarín, frente al espejo, le dijo: "No tanto, no tanto", a la maquilladora. Carolina Scotto se vistió para el debate con sencillez, como viste siempre. Llevaba el cabello suelto, una blusa de color blanco y negro, un saco blanco corto, pantalones oscuros y zapatos negros, bajos y acordonados. La acompañó sólo su equipo de campaña; no estaban los demás candidatos de la lista ni los militantes de Unidos Organizados. Arrancó el debate con una tapita de agua en la mano, que movía constantemente. En los primeros cortes, se dedicó a repasar sus papeles, tachar lo que ya había dicho y recibir algún comentario de Ibáñez, de Velasco, de Martín Fresneda, secretario de Derechos Humanos de la Nación, o del asesor Mario Riorda.Con los minutos tomó confianza y pasada la primera hora, Scotto ya estaba suelta y segura. Dejó la tapita y tomó con decisión el atril y el micrófono. Hacía preguntas y cuestionaba con insistencia a Oscar Aguad; lo hizo enojar y también lo hizo reír.Scotto terminó distendida y conforme. "Estuvo bueno, esto es lo que queríamos, debatir", concluyó.
Con poca experiencia
“Aguad lleva ocho años de debates en la Cámara de Diputados, Carolina recién arranca y estuvo muy bien”, observaron los colaboradores de Scotto.

