Mucho más que una mera sigla
La lectura del proyecto de la Fuerza Policial Antinarcotráfico (FPA) permite inferir distintas variables que deberán ser atendidas si se pretende lograr una institución efectiva en el combate contra los “narcos”.
La lectura del proyecto de la Fuerza Policial Antinarcotráfico (FPA) permite inferir distintas variables que deberán ser atendidas si se pretende lograr una institución efectiva en el combate contra los "narcos", pelea que en la provincia se está perdiendo desde hace tiempo. Por un lado, se advierte que el Gobierno reconoce que aquella Policía provincial que era presentada, meses atrás, como "la mejor del país" está lejos de haber actuado con eficiencia. Ya no descansa en que su manejo, o parte de él, esté exclusivamente en manos de un ministro de Seguridad o de un Jefe de Policía. Se busca, ahora, que el control de una parte esencial de esta fuerza, lo que respecta a la lucha contra el narcotráfico, forme parte de la estructura judicial, con una participación clave del Ministerio Público Fiscal.Esto puede interpretarse como la necesidad de tener la mirada más encima de una institución que, según se empezó a demostrar en septiembre con el escándalo de Drogas Peligrosas y terminó de salir a la luz en el amotinamiento de diciembre, ya no le es simpática al poder político. Una fuerza que dejó al descubierto cómo ha adquirido, puertas adentro, una peligrosa autonomía capaz de poner en jaque a cualquier gobierno.Sin embargo, llama la atención que se haya focalizado sólo en Lucha Contra el Narcotráfico, división que desaparecerá de la Policía provincial, y no en otras áreas de la institución que también han recibido duros cuestionamientos, como Protección de las Personas (que persigue la trata sexual: en 2013, casi no hubo causas grandes contra proxenetas y sólo se clausuraron prostíbulos encubiertos, sin descubrir redes completas).También Homicidios quedó bajo sospecha cuando una fiscal, Bettina Croppi, ordenó a fines del año pasado un allanamiento luego de que se descubriera que un presunto suicidio de una joven en realidad era un asesinato, sólo para citar un ejemplo cercano en el tiempo. Ante esto, ha generado más de un comentario sugestivo que el proyecto haya puesto tanto la lupa sobre la Policía Judicial, una fuerza que no ha generado polémicas en los últimos tiempos, y no sobre la Policía provincial, la que ha provocado los mayores caos.Sobre esta institución se intentará, según el proyecto, regular de un modo más severo las protestas internas, pero el resto, a excepción de Lucha Contra el Narcotráfico, se mantendrá intacto.Pensar la seguridad es tener en cuenta la existencia de nichos criminales, tanto en su dinámica propia como en una misma modalidad de generar ingresos ilegales. Aunque es necesario formar policías especializados en cada área, también es imprescindible capacitarlos en la misma forma de abordar la criminalidad en lo que respecta a delitos complejos.Creer que el desmanejo interno de una división es sólo una excepción dentro de la institución es poner en jaque el futuro de toda una fuerza si no se realiza una autocrítica real y urgente. Debate en el que de manera llamativa ha estado ausente, hasta ahora, la voz del secretario de Seguridad, Matías Pueyrredón, que no se ha mostrado ante la opinión pública.Además, en otro apartado del análisis del proyecto, se advierte que la FPA propuesta por el Gobierno se inscribe, también, en una nueva sigla que busca contrarrestar –hasta ahora con más reveses que aciertos– a las diferentes variables de aquello denominado "inseguridad".Se suma al Comando de Acción Preventiva (CAP), que comenzó con cuatro efectivos y terminó con dos arriba de un patrullero, a las motos con sidecar que duraron sólo un par de meses, y al Comando de Persecución Inmediata (CPI), con policías que entrarían a los barrios a mejorar la prevención, y que tampoco tuvo demasiada duración.El año pasado, en otro intento efímero, se incorporó el Departamento de Ocupación Territorial (DOT), que incluía el helicóptero. Esta fuerza duró casi nada, aunque el patrullaje aéreo regresó en las últimas semanas.¿Una sigla más o una política nueva de seguridad que trascenderá a la actual gestión? Sólo un debate serio y responsable dejará un cimiento de verdad para construir una idea sólida.

