Máximo desconcierto
Ajeno a estos inconvenientes, en lugar del diálogo, el Gobierno no cesa de recurrir a la provocación política como única arma defensiva.
Kicillof dice que el dólar costará 9,45 pesos el año que viene, aunque será un bien más escaso, porque las ventas argentinas al exterior caerán un 10 por ciento. Dice que la inflación será del 15,6 por ciento, aunque no se prevé ningún plan para que baje.Que el gasto seguirá subiendo y los ingresos caerán, porque la soja costará menos. Y que la economía crecerá 2,8 por ciento.Para este año el mismo ministro había previsto más del doble. Según el Indec, hoy la economía está en recesión.El tamaño del contraste entre el dibujo presupuestario y la realidad debería persuadir a cualquier observador desprevenido sobre la gravedad de los problemas existentes.Ajeno a esos inconvenientes, en lugar del diálogo, el Gobierno no cesa de recurrir a la provocación política como única arma defensiva.Propone a Máximo Kirchner como nuevo líder de masas, insiste con una idea de eternización de Cristina que ya rebotó ante multitudes harto más numerosas que un estadio camporista, y a sabiendas de su inviabilidad en el Congreso.Sus dirigentes salen a deslegitimar a cualquier presidente al que la voluntad popular elija el año que viene.Y, a días de la visita presidencial al Papa, agita el fantasma de un estallido social. No para prevenirlo, sino para señalar a antiguos socios que advierten el desconcierto que se propone desde el poder en un momento delicado.Tiene razón el gobernador de Córdoba cuando dice que fue Cristina quien señaló que el país estallaría por los aires con una inflación del 25 por ciento, menor a la que existe hoy. No le asiste el sentido común, en cambio, cuando aconseja que es malo gobernar sin información. Está fresca la memoria de los días de diciembre, cuando, según sus dichos, por ese motivo tambaleó su gobierno.

