Massa hirió el frente anti-K impulsado por De la Sota
Con el frente anti-K desdibujado, luego de octubre, De la Sota tendrá que barajar y dar de nuevo en su estrategia de proyección nacional. Julián Cañas.
La candidatura de diputado nacional de Sergio Massa fue un mazazo (vale la redundancia) para el kirchnerismo. Pero la decisión del intendente de Tigre también significó un duro golpe en la otra vereda: hirió al frente anti-K que venían pergeñando José Manuel de la Sota y otros peronistas que hace tiempo habían sacado los pies del amplio plato del oficialismo nacional.
En pocas horas, Massa pasó a ser el nuevo blanco de la ira kirchnerista, que lo ve como un sorpresivo y peligroso rival en la provincia de Buenos Aires. Se trata del principal distrito electoral del país y la única de las provincias de las denominadas grandes donde los K tienen chances de victoria en los comicios de octubre.
En silencio y relamiéndose las heridas, De la Sota, Francisco de Narváez, Roberto Lavagna y Hugo Moyano sintieron el impacto de la irrupción del joven intendente de Tigre.
Tres meses atrás, De la Sota y Lavagna comenzaron a gestar un frente que reuniera, en una primera instancia, a todos los peronistas que fueron espantados por el rígido estilo de manejo del poder que ejerce la presidenta Cristina Fernández.
No se sabe con certeza quién fue el padre de esta idea de generar un frente opositor en el PJ, pero es cierto que De la Sota hace tiempo que es partidario de crear una opción anti-K, por dentro del justicialismo.
De la Sota y Lavagna fueron tejiendo relaciones con otros referentes peronistas que estaban fuera de la órbita kirchnerista.
Hubo conversaciones con Daniel Scioli y con Massa para que se sumaran a esta propuesta. Es más, a mediados de marzo, De la Sota compartió un almuerzo con Massa en Tigre, sólo con dos testigos. De ese encuentro el gobernador se fue convencido de que el intendente no se iba a sumar a este frente opositor al kirchnerismo.
Fue allí cuando comenzaron los contactos con De Narváez. De la Sota tenía la teoría de que Massa iba a demorar hasta último momento su decisión y que no podían esperarlo. No se equivocó.
El 1° de mayo, en Córdoba, el frente anti-K tuvo su bautismo oficial, con De la Sota, Lavagna, Moyano y De Narváez como máximos referentes. El objetivo era sumarlo a Mauricio Macri, con lo cual la alianza podía convertirse en una amenaza para la Casa Rosada. Pero la verdadera amenaza para los antikirchneristas seguía siendo Massa y su estudiada indefinición.
Se sabe que, finalmente, no se concretó el acuerdo con Macri. Se cayeron las negociaciones para que Lavagna fuera el candidato en Capital Federal, en acuerdo con el PRO.
La negativa a sumarse del jefe de Gobierno porteño fue el primer traspié serio para la estrategia de De la Sota y Lavagna, ya que, además de Capital Federal, se perdían otras provincias importantes como Santa Fe y Entre Ríos, donde el macrismo es fuerte. Así comenzó a tambalear la proyección nacional de este frente opositor.
El golpe de gracia fue la irrupción de Massa. La candidatura del tigrense no sólo complica a esta coalición opositora para octubre, sino para el futuro.
De la Sota siempre intuyó que iba a dirimir la candidatura presidencial del PJ en 2015, en una interna contra un candidato del kirchnerismo, que sería Scioli, según el convencimiento del mandatario cordobés.
Por ahora, Massa es sólo candidato a diputado en Buenos Aires, pero si consigue un triunfo, como la mayoría de las encuestas pronostican, se convertirá en serio aspirante presidencial. También el más firme candidato a aglutinar a todo el peronismo que no comulga con la Casa Rosada.
Aquel frente hoy quedó reducido a lo que pueda hacer De Narváez en Buenos Aires y el delasotismo en Córdoba. Luego de octubre, De la Sota deberá barajar y dar de nuevo, en su ambicioso objetivo de proyección nacional.

