Macri y Scioli, en una encrucijada histórica
Con una inédita definición por balotaje, concluye el ciclo político más largo desde la restauración democrática en el país.
Buenos Aires. La Argentina estrena hoy el balotaje para elegir al sexto presidente en los últimos 32 años de democracia entre Daniel Scioli y Mauricio Macri y poner fin así, cualquiera sea quien resulte ganador, al período de gobierno más prolongado de la historia política moderna si se suman los 12 años y medio de las presidencias de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner.
Son más de 32 millones los ciudadanos habilitados para votar en casi 95 mil mesas, pero la disputa central es por los alrededor de 7,2 millones de votos que fueron a los cuatro candidatos que quedaron en el camino el 25 de octubre, siempre que hoy la participación sea igual a la de entonces, cuando rondó el 81 por ciento después del 74 por ciento registrado en las primarias de agosto.Votos en disputa El botín electoral más apetecido son los 5,2 millones de votos (casi 22 por ciento) que obtuvo el excandidato presidencial de UNA, Sergio Massa, quien, si bien dejó en libertad de acción a sus votantes, hizo para hoy un guiño hacia "el cambio" que supondría Macri, mientras que otros dirigentes de esa fuerza, en tanto peronistas, como quien fue candidato a gobernador bonaerense, Felipe Solá, se pronunciaron abiertamente por Scioli.

En ese paquete de votos también están los que en la primera vuelta fueron para Margarita Stolbizer (9 por ciento), Adolfo Rodríguez Saá (6 por ciento) y Nicolás del Caño (11 por ciento), ninguno de los cuales dijo abiertamente a quién apoyará, salvo el de izquierda, que llamó a hacerlo en blanco.
Son múltiples, en definitiva, las conjeturas sobre el destino que tendrán aquellos votos hoy “huérfanos” pues se desconoce hasta dónde sus destinatarios originales pueden incidir en sus votantes de primera vuelta, del mismo modo que las que puedan hacerse respecto de otras incógnitas de peso para el resultado de hoy.
Por caso, a quién irán a parar los dos millones de votos que sacó UNA en la provincia de Buenos Aires, la madre de todas las batallas: con 12 millones de votantes, 37 por ciento del padrón nacional, se juega allí gran parte del resultado.
Allí, Scioli confía en aumentar sustancialmente la magra diferencia de 428 mil votos sobre Macri de la primera vuelta, atribuida en sectores oficialistas pejotistas a la mala performance de Aníbal Fernández como candidato.
De allí que el candidato oficialista reforzara su campaña en los municipios granbonaerenses más populosos con caminatas diarias y contacto con los vecinos, como no lo había hecho por exceso de confianza triunfalista antes de la primera vuelta.
También por eso su último cierre de campaña fue a toda orquesta peronista, en “la capital del peronismo”, La Matanza, quinta “provincia” del país por población. Y “más Scioli que nunca”, tal como lo hizo la última semana, durante y luego del debate, beneficiado por la desaparición de escena de la Presidenta durante la última quincena.
El candidato de Cambiemos, por el contrario, apunta a pasar a ganador de la mano de lo que ha sido el golpe político más novedoso y trascendente de 2015, el año en el que vivimos de elección en elección (desde la primera en abril, hubo votaciones en 14 domingos): la llegada de María Eugenia Vidal a la gobernación bonaerense, con lo que desplazó al peronismo que ejercía ese poder estratégico desde 1987.
Ese triunfo fue lo que fortaleció las chances de Macri, enancado a la “ola de triunfo”, para que desde el 10 de diciembre próximo la Nación, la capital y la provincia de Buenos Aires puedan ser gobernadas por Cambiemos.
También esa es la razón por la que Macri no quiso hacer olas en tierra bonaerense y concentrarse en mejorar la votación en el norte, con el cierre en Jujuy.
Pero la gran incógnita que puede ser decisiva si la elección es reñida pasa por el voto de los indecisos, del comportamiento de los que concurrieron a votar y de los que lo hicieron en blanco en la primera vuelta.
Según encuestadores, el números de indecisos variaba hasta el viernes entre 4 y 11 por ciento, entre los que habría que incluir a los “voto vergüenza” (¿por votar a Scioli o a Macri?).
¿Habrá igual o mayor concurrencia de votantes que en la primera vuelta; o menor, porque muchos entenderán que la elección “ya está definida”? Los votos en blanco (2,5 por ciento), ¿a quién irán a parar, cuando no hay antecedentes de otra presidencial definida en balotaje, o seguirán en blanco?
De manera distinta, arriman Scioli y Macri a esta instancia de segunda vuelta, instaurada en la reforma constitucional de 1994 por acuerdo entre el entonces presidente Carlos Menem y su antecesor Raúl Alfonsín. Ninguno llegó al 40 por ciento más un voto con diferencia de 10 sobre el segundo; menos aun a 45 por ciento más un voto.
Macri llega con el envión de los números obtenidos el 25 de octubre y de la mano de la gobernadora bonaerense electa, por lo que desde la primera vuelta y sobre todo en las últimas dos semanas, evitó arriesgar definiciones que pudieran resultar un traspié.
Scioli eligió profundizar su campaña de confrontación de “modelos”, que delineó ya en el discurso de la noche misma de la primera vuelta y acentuó hasta el viernes pasado: dijo ser el “candidato del modelo de inclusión social” frente a “la devaluación y el ajuste” que es Macri en presunto acuerdo con el FMI y los fondos buitre. Esta noche se sabrá si el nuevo presidente hasta 2019 será un peronista y gobernador bonaerense. O si lo es un ingeniero, de un partido nuevo, que llega por primera vez a la Casa Rosada.

