Los sobrevivientes y la soledad
“La esencia del repudio a lo sangriento y a lo doloroso de la dictadura fue haber convertido al Estado en una maquinaria clandestina de muerte y violación de derechos humanos”.
Todo lo que se diga del infierno no es el infierno. Sólo aquellos que lo han atravesado saben cómo quema su ardor en la piel, en el aliento, en los ojos, en los oídos, en la nariz y, sobre todo, en ese imprecisa, inaprensible y dolorosa sustancia de la condición humana que a veces suele llamarse alma. Los que regresaron para contarlo han tendido sobre la memoria de todos los detalles, la lógica perversa, la rutina en los días de la gran tiniebla organizada. Sus palabras acercan a la sociedad una intuición desgarradora de lo que fue la intimidad del espanto, pero las más profundas de las sensaciones jamás podrá ser transmitida en todas sus dimensiones. Están solos frente a lo vivido. Y lo vivido es definitivo: sus vidas están atravesadas por ese entonces que siempre está, tal vez agazapado, suspendido, silenciado, pero que no deja de estar.En estos días, en el juicio por los crímenes cometidos en La Perla los fiscales exponen, ya en el tramo final de sus alegatos, sobre historias de sobrevivientes. De las 711 víctimas contenidas en la megacausa, más de 300 pudieron emerger de las fauces de la represión.Los testimonios de los sobrevivientes son los pilares sobre los que se sostiene este proceso, sobre todo los de ese puñado (una docena y media de personas) que pasó muchos meses sumergidos en esa catacumba."La declaración de los testigos-víctima constituye el elemento más importante del material probatorio, por lo que no cabe duda de la trascendencia de estos relatos para la reconstrucción del funcionamiento del sistema represivo y de sus manifestaciones en los campos de concentración", sostuvo el fiscal Facundo Trotta, al presentar el contexto sobre el que se apuntalarían los alegatos.Entonces, también subrayó "el valor, la entereza y el compromiso" de estos testigos que se grabaron en la memoria y a veces hasta pudieron anotar (como en el cuaderno "Gloria" de Ana Ileovich) nombres de víctimas, de represores, de métodos de tortura, de formas de asesinar. Y no son testigo, sino víctimas: pasaron por todos los círculos de ese infierno, salvo el de la muerte."Confuso privilegio el de ser sobreviviente", escribió David Viñas para hablar de la muerte de Haroldo Conti. Acaso esa definición pueda acercarnos a las dificultades de esa condición."Yo después les declaro los que ustedes necesiten; déjenme primero decir lo que siento", pidió Graciela Geuna cuando trajo su palabra al juicio. "Quiero decir lo que siento –siguió– sobre lo que nos hicieron a los sobrevivientes. Hay otras maneras de matar, diferentes de la muerte; (éramos) atrapados sin salida. No nos eligieron para dudar porque estuviéramos destruidos, nos eligieron para destruirnos en vida". Y dijo también que, para manipularlos, se impusieron una táctica para suprimirles "la identidad, la integridad, la dignidad, y hacia afuera generar equívoco". Sobre esto último, relató que al sacar a la gente en autos con ellos a los operativos de secuestros, conocieran o no conocieran a la gente señalada, el objetivo fue mostrarlos como si fueran cómplices. "Tenían un doble objetivo: hacia afuera generar mal entendido, equívoco, y hacia adentro de la subjetividad de la persona, hacernos sentir sucios".Para otro de los fiscales, Rafael Vehils Ruiz, ese concepto de colaboracionismo con el que se pretendiera menoscabarlos, "fue pulverizado por el Ministerio Público Fiscal": "Son todas víctimas", sentenció.Las cuatro décadas que han pasado, a la vez que alejan el momento de los hechos, mejoran tal vez las perspectivas de las cosas. Como quedó claro en las recientes manifestaciones del 24 de marzo, la esencia del repudio a lo sangriento y doloroso de la dictadura, y que está más allá de cualquier discusión ideológica, fue haber convertido al Estado en una maquinaria de muerte y violación de derechos humanos, implicando a las instituciones de toda la sociedad."Gracias, me sentí protegida por el Estado", le dijo una de las sobrevivientes al fiscal Trotta, luego de declarar. Cada vez que uno de ellos han vuelto a relatar su historia, vio de nuevo el fondo del abismo. Siempre estarán solos frente a lo vivido; acaso el alivio posible es que no lo estén frente al presente.

