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Los engañados y el comodín

Su detención suena demasiado sugestiva. Acaso sería más prudente interrogarse “para qué” apareció en este momento.

14 de mayo de 2016 a las 12:01 a. m.
Los engañados y el comodín

Cuando a uno le faltan cartas, puede usar el comodín y hacer juego. El “fabricante de mentiras” Juan Francisco “el Francés” Viarnes, definido por los jueces de sentencia como un “psicópata” capaz de estafar a los más inteligentes sin sentir culpa ni remordimiento, no puede verse sólo como un hábil agente de Inteligencia que engañó a los policías antidrogas y, además, al propio fiscal instructor Enrique Senestrari y a otros funcionarios judiciales.

Mientras unos fueron llevados a juicio y pasaron años en la cárcel, otros “engañados” lo usaron para nutrir una investigación de dudosos ribetes y con escasas pruebas, más allá de los dichos del “fabulador”.

En la torre de Tribunales federales, en el parque Sarmiento de la capital provincial, son legión quienes saben que cuando fue detenido en julio de 2013 no fue conducido a Bouwer, sino que estuvo nada menos que 20 días “guardado” en la Alcaidía de esa sede.

En ese lapso, sostienen todas las fuentes, fue visitado por Senestrari y por la entonces secretaria penal Liliana Navarro. Y hasta hay quienes dicen que se registró la presencia de Sergio Berni, quien por esos días era secretario de Seguridad de la Nación.

En ese tiempo en que tuvieron a Viarnes a su disposición, podría haberse gestado la idea de utilizar al “Francés” para armar la causa del narcoescándalo.

Hay que recordar que los impares son años electorales y ya nadie niega las consecuencias que tuvo este caso en los comicios celebrados pocos meses después.

Después de hacer el juego con el comodín –y pocas pruebas–, se repitieron muchos nombres entre los responsables de dejar en libertad a Viarnes, alguien que tenía mucho más peligro de fuga que otros imputados.

Todos se preguntan “por qué” Viarnes apareció justo ahora, después del juicio. Su detención suena demasiado sugestiva. Acaso sería más prudente interrogarse “para qué” apareció en este momento. Es decir, ¿para qué juego puede ser llamado ahora el comodín? En otras palabras, no puede presentarse como ingenuos engañados a quienes usaron esta carta para armar una jugada ganadora.