Lo tienen que ayudar y se debe dejar ayudar
El escándalo del día eran los resultados de los concursos provinciales. Roberto Battaglino.
La escena del escándalo estaba cantada. Los actores principales eran Juan Schiaretti y sus concursos, que dejaron a los suyos en buena parte de los cargos concursados. Era el día en el que los funcionarios del gobernador tenían que explicar por qué se cumplió la profecía de que los suyos se quedarán con la mayoría de los puestos permanentes de conducción en el Estado provincial, además de fundamentar por qué en la próxima campaña la reforma política será tan limitada que habrá billetes y billetes sobre los que nadie rendirá cuenta. Pero entró en escena el más débil de los gobernantes del que Córdoba tenga memoria: el intendente de la Capital, Daniel Giacomino. Y se volvió a quedar con el puesto más alto del podio del escándalo.Al intendente que le aconsejaron que se comunicara por redes sociales de Internet, no le avisaron que podría haber puesto en Google las palabras "Rolando Villar". Se hubiese evitado el papelón de tener que bajar a un funcionario con causas penales abiertas en otro país.Giacomino está casi solo. Varios de los que le quedan al lado le agudizan su soledad. ¿Quién es el que le hace decir que vio "los papeles" en temas que terminan en papelón? Hace un mes, con Innviron, dijo lo mismo que con la denuncia sobre Villar: que había visto documentación, que después nunca apareció.El intendente no pasa un mes sin un desgastante escándalo. Le quedan 15 meses. Necesita de manera imperiosa y urgente que lo ayuden, que lo sostengan, que lo conduzcan hasta el 10 de diciembre del año que viene, sin delirantes ideas, como reinterpretar la Carta Orgánica para intentar una hilarante reelección.Obvio que el primero que debe aceptar ser ayudado es el propio afectado. Es el primer paso que está obligado a dar.Pero es hora de que la política de Córdoba asuma el compromiso de sostener al intendente. Luis Juez y los suyos deben hacerse cargo de que, más allá de denuncias cruzadas de traiciones, fueron los que convencieron a los cordobeses de que llegaba el intendente con más capacidad de gestión del que se tuviera memoria. La administración de Giacomino es la segunda del Frente Cívico en la ciudad de Córdoba, le guste a quién le guste.Lejos de Juez y Giacomino, el viceintendente Carlos Vicente está ocupado en pronunciarse sobre los grandes temas nacionales, como si no tuviese responsabilidad sobre una ciudad que se hunde.Los ex funcionarios, que ahora pasean por los medios con aires de estadistas, podrían haber aportado esa brillantez discursiva cuando estuvieron en la gestión.Los radicales y los justicialistas con aspiraciones a gobernar la ciudad deberían comprometerse a que el municipio que les deje Giacomino no esté tan dinamitado.Los Kirchner deberían dejar de darle abrazos de osos y enviarle el dinero que le prometieron, antes que mandarle a oscuros operadores que embarcan al intendente en tantas aventuras sospechosas y disparatadas.Schiaretti podría aportarle racionalidad política, además de las obras publicitadas. No sólo es la principal ciudad de la provincia, sino que es el intendente que le arrojó aquel salvavidas para brindarle legitimidad y colaborar en la gobernabilidad cuando asumieron juntos, uno débil, Schiaretti, y otro fuerte, Giacomino, en diciembre de 2011. Gobernabilidad. Ha sido tanto lo que hizo el intendente para perder capital político, que un día en el que un escándalo similar al que hubiese sido un clásico Boca-River con árbitro vestido con la camiseta de uno de los equipos gritando los goles (eso son los concursos provinciales), se las ingenió para que el tema central sea la gobernabilidad en la Municipalidad de Córdoba. Un aporte más a la gobernabilidad de Schiaretti, que tiene una oposición parlamentaria dibujada, no encuentra escollo alguno en el Poder Judicial y se las ingenia para llevarse bien con los Kirchner haciendo creer lo contrario.Giacomino puede salvarse, él y su gestión. Pero tiene que hacer unas cuantas cosas distintas de las que lo llevaron a salir anoche de la cochera del Palacio 6 de Julio reclinado en el asiento del acompañante de un auto.

