Les salió el tiro por la culata
Los que buscaban cargos se quedaron sin cargos; los que conservaron los cargos se quedaron sin poder, y los que buscaban poder a través de los cargos se quedaron sin las dos cosas. Javier Cámara.
Si lo que ocurrió en la UCR cordobesa fue, como se dice en los pasillos de la Casa Radical, una operación pergeñada por Oscar Aguad, Miguel Nicolás y, en segundo plano, Juan Jure para "arañar" algo de poder partidario antes de que Ramón Mestre se quede con todo a través de la inminente elección por el Comité Capital, el tiro les salió por la culata. Los que buscaban cargos se quedaron sin cargos; los que conservaron los cargos se quedaron sin poder (o al menos con una cuota de poder evidentemente cuestionada), y los que buscaban poder a través de los cargos se quedaron sin las dos cosas.En efecto, todo el radicalismo perdió algo en esta aventura; una aventura que volvió a mostrarlo como un partido sin liderazgos del todo definidos, con un internismo permanente y, lo que es peor, con autoridades que necesitan ser "sostenidas" por el oficialismo. Nada más contundente para contradecir la añoranza de algunos de que la UCR esboce una recuperación provincial.La aventura que embarcó a Rodrigo de Loredo y a otros cinco legisladores radicales en una suerte de motín o de revolución de comité dejó por el piso el ánimo y el liderazgo del reconfirmado titular del bloque, Luis Brouwer de Koning. Varios radicales se preguntan por estas horas si el ex intendente de Río Tercero podrá reponerse de lo que, en su fuero íntimo, él considera una traición inesperada. También quedó mal parado el propio De Loredo, quien se subió de manera prematura al caballo de los vencedores, empujado por dirigentes que ya no caminan los despachos de la Legislatura y por los ímpetus de su propia juventud. Del caballo de los victoriosos, De Loredo fue bajado con un reto. Pero el detalle es que el reto lo propinó el PJ.Es cierto, sí, que el yerno de Oscar Aguad ganó protagonismo. Pero pisando el borde del escándalo, a los gritos, a costa del prestigio propio, del bloque y del partido en el que milita.El radicalismo necesita más que eso para convertirse en alternativa.Aunque no apareció en esta historia, Mestre también perdió. Por lo bajo (muy por lo bajo, para no cargarles otro problema más a las decenas que tiene en la gestión municipal), los propios le reprochan no haber jugado más fuerte en esta puja, sobre todo para mostrar un liderazgo contundente.Su bajo perfil durante este conflicto, le cuestionan, permitió que las esquirlas de la bomba que le explotó en el bloque de la Unicameral llegaran a la propia bancada en el Concejo Deliberante capitalino y que pusieran en riesgo la unidad del oficialismo ante proyectos importantes para el Ejecutivo municipal.Muy poco tuvo que hacer el oficialismo para salir de este embrollo políticamente fortalecido. Con la anuencia de toda la oposición, en la Comisión de Labor Parlamentaria el PJ interpretó que el artículo 57 del reglamento interno invalida un proceso como el que utilizó la mayoría del bloque radical para cambiar sus autoridades. Con eso, Unión por Córdoba salvó a Brouwer de Koning y, en cierto sentido, a Mestre.El tiempo y las circunstancias futuras dirán si el delasotismo le pasará factura al intendente cordobés por este favor.

