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Las razones del discurso más largo

Nada mejor que un ataque sostenido para retomar la iniciativa. Aun cuando en algunos casos sea sin argumentos, con argumentos endebles y forzados. Horacio Serafini.

02 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Las razones del discurso más largo

Nada mejor que un ataque sostenido para retomar la iniciativa. Aun cuando en algunos casos sea sin argumentos, con argumentos endebles y forzados. No parece ser otra la razón de la Presidenta para dar su discurso más prolongado en cuatro años de gobierno.

Desde 2007, hubo otras 
inauguraciones de sesiones 
ordinarias del Congreso con coyunturas políticas mucho más adversas.

Recuérdese marzo de 2009, con el oficialismo golpeado por las secuelas del prolongado conflicto con el sector agropecuario por las retenciones móviles. También marzo de 2010, tras la derrota electoral legislativa, con el kirchnerismo sin mayoría por primera vez en Diputados, en medio del conflicto por el uso de reservas del Banco Central para el pago de deuda.

Y en todos los casos, como si fuera una impronta del kirch­nerismo, salió airosa ante situaciones que para muchos observadores perfilaban un “final de ciclo”.

¿Por qué habría de ser distinto ayer? Cristina Fernández llegó a la primera inauguración legislativa de su segundo mandato con un respaldo electoral de 54 por ciento y con mayorías recuperadas en ambas cámaras.

La sensación de pérdida 
de iniciativa, sin embargo, se hizo perceptible durante febrero, en particular las últimas dos semanas. Justamente ayer, una encuesta de Poliarquía dio cuenta de que las opiniones favorables hacia la gestión de la Presidenta habían descendido 4 puntos durante el último mes respecto de aquel 54 por ciento. La pérdida será seguramente mayor cuando puedan computarse los efectos de la tragedia de Once.

A propósito, la reaparición pública de la Presidenta en 
Rosario, el lunes pasado, tanto como su discurso en esa ocasión, después de cinco días de silencio frente a la tragedia 
de Once, no habían logrado 
revertir esa sensación de pérdida de iniciativa. Tampoco alcanzó la intervención temporaria de la concesionaria del ex Sarmiento como reacción frente a la tragedia; por el contrario, alimentó las suspicacias acerca de, por lo menos, 
la supuesta tolerancia hacia 
la concesionaria y la discrecionalidad de la política de subsidios.

La Presidenta hizo una referencia casi al paso: defendió por un lado la política de subsidios, salió al cruce del próximo informe lapidario de la Auditoría General de la Nación y volvió a comprometerse con que actuar en consecuencia.

Pero la intención central fue hacer un discurso abarcador, abundante en datos económicos y sociales, que avalan 
el crecimiento de los últimos años. Sin identificar “enemigos” del modelo como en otros momentos lo había hecho, la dura crítica al paro docente en varias provincias fue la única referencia ante las paritarias por venir. Y el único “enemigo” al que aludió como tal, en un juego de conveniencia mutua, fue Mauricio Macri.

Tampoco insistió en la “sintonía fina” con la que comenzó a machacar apenas reelegida: usó la expresión sólo dos veces en tres horas largas de alocución. Y en términos de anuncios, hizo tres: la reforma de 
la carta orgánica del Central, la unificación de los códigos Civil y Comercial y la negociación con Londres sobre los vuelos a Malvinas.

¿Habrá sido suficiente para retomar la iniciativa que pareció perder en febrero?