Las protestas no siempre son lo que muestran
La construcción del caos y el esmerilado del gobierno se dan cada día.
"Dispersa a sus enemigos/ Y haz que caigan/ Confunde sus políticas/ Frustra sus ardidos trucos/ En ti, ponemos nuestras esperanzas". La estrofa omitida de la canción patria inglesa, God save the queen (Dios salve a la reina) parece construida a medida de la política argentina actual.
Las dificultades económicas son innegables; los desaciertos del Gobierno en varios planos, también. Pero lo que mueve a la porción más combativa de quienes movilizan las protestas que están sacudiendo al país no parece ser la gente común.
Quienes dejan sin clases a los niños más humildes de distintas provincias, especialmente de Buenos Aires (a esta altura, una canallada), quienes dificultan el tránsito en las principales ciudades del país y quienes tomaron por asalto el palco del acto cegetista de la semana pasada son funcionales a los exfuncionarios acusados de corrupción, entre ellos a la expresidenta Cristina Fernández.
A esta altura, el ala dura del kirchnerismo está convencida de que el solo regreso de una situación de caos generalizado podría torcer el brazo de una Justicia que avanza lento, pero avanza.
La construcción del caos y el esmerilado del Gobierno –al que a veces contribuyen, insólitamente, los propios miembros de la administración de Mauricio Macri– se dan cada día y en distintos planos. Los ejemplos florecen.
Era casi un hecho que el fútbol no iba a regresar el pasado domingo 5, como estaba previsto.
Sergio Marchi, titular del gremio de los jugadores y beneficiado en su fundación con millonarios fondos del Estado, dilató lo necesario para que toda la atención estuviera centrada en la movilización del martes 7. Después, como si nada, dio la venia para que se juegue.
Antes y después del trágico recital de Carlos “el Indio” Solari en Olavarría –defendido por las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo–, un puntero del partido Miles, de Luis D’Elía, fue filmado y luego detenido por organizar a un grupo de jóvenes que generaban disturbios y saqueaban comercios. Quedó claro que no era la misa ricotera lo que los movilizaba.
De igual modo, aparecen figuras populares alertando a la gente de una supuesta mishiadura generalizada, impulsada por la administración macrista. “No llego a fin de mes...”, dice Federico Luppi, situación que asoma al menos dudosa. ¿Es posible que un año de gobierno de Macri haya minado lo que ganó en más de medio siglo de trayectoria?
Mientras, Cristina Fernández agita desde las redes sociales, ahora diariamente, para que la gente gane la calle y reclame. Por supuesto que no se hace cargo de la bomba de tiempo que dejó con la inflación y las tarifas.
Claro que no todos van en la misma dirección.
Los gobernadores del PJ no apuestan al pasado; tampoco los docentes en disidencia con los gremios K o sectores de la oposición que prefieren el juego limpio. Por el bien general.

