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Las estrategias en crisis

Sólo una revisión realista le evitará nuevas y más desagradables frustraciones. En el tiempo restante hasta las Paso, Macri deberá relanzar su campaña.

20 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
Las estrategias en crisis

Los enrevesados caminos que desanduvo el PRO para retener el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires concluyeron recién anoche, a pocos días de las primarias en las que Mauricio Macri se juega su proyecto presidencial. Horacio Rodríguez Larreta alcanzó el sueño de la alcaldía porteña después de someter a Macri a tres elecciones, contra sus propios aliados.

Aun así, su triunfo fue tan exiguo que puso en dificultades la estrategia de campaña presidencial de Macri, que ya venía escorada desde las derrotas en Santa Fe y Córdoba. Una nube riesgosa se cierne sobre la coalición Cambiemos y sólo una revisión realista le evitará nuevas y más desagradables frustraciones. El comando de campaña de Macri eligió hasta el momento el camino típico de las agrupaciones de corte ideológico, que priorizan la coherencia con su doctrina por sobre la plasticidad política requerida para acceder al poder. Fue ese criterio el que predominó en el PRO al rechazar un acuerdo con Sergio Massa en la coalición nacional, con Martín Lousteau en la ciudad de Buenos Aires, al designar a Gabriela Michetti como compañera de fórmula y a María Eugenia Vidal como su postulante para la provincia de Buenos Aires. La lógica es la misma y más vieja que la humedad: rodearse, para ejercer el gobierno, con integrantes de su equipo más cercano. Pero viene a cuento que, para gobernar, resulta necesario ganar antes las elecciones.En el escaso tiempo restante hasta las primarias, Macri deberá relanzar su campaña. Cree haberse instalado lo suficiente como el referente del cambio frente a Cristina Kirchner. En su discurso de anoche dejó atrás esa etapa para seguir las instrucciones de los asesores que le recomiendan tener cuidado con el miedo a cambios drásticos que estarían detectando en vastas franjas del electorado.Macri respetó con escrúpulos esos lineamientos, escritos antes de conocerse el ajustado triunfo de Rodríguez Larreta. Defendió la Asignación Universal por Hijo como un derecho para aventar cualquier sospecha de revisión. Siguió el guion con tan escasa flexibilidad que reivindicó la permanencia de YPF y Aerolíneas Argentinas en el sector público el mismo día en que el aeroparque metropolitano fue un caos de vuelos cancelados por la aerolínea de bandera. Acaso en esa rigidez táctica reside buena parte de los problemas del PRO. Todo parece programado de antemano: los globos, el baile, Gilda. Nadie ajusta el guion cuando quedan sólo tres puntos de diferencia en las urnas. Como en una paradoja, el discurso de Macri, pautado para un triunfo holgado y para despejar fantasmas en el electorado cercano a las políticas más populares del kirchnerismo, descuidó anoche los temores que comienzan a ganar a sus propios seguidores ante la sucesión de desaciertos electorales. Resulta extraño que Jaime Durán Barba haya puesto a su empleador en estos laberintos cuando el PRO acaba de triunfar en una elección contra un candidato que respalda a los aliados de Macri. Más curioso aún es que esos tropiezos hayan llegado para aliviar a CristinaKirchner y a Daniel Scioli tras la cadena de malas noticias que el Gobierno propinó en los últimos días. Novedades vinculadas con la búsqueda de impunidad y la precariedad de la transición económica que está dejando como herencia para la próxima gestión.Cuando la Presidenta decidió alertar a la opinión pública sobre una entrevista que le realizó hace meses la revista The New Yorker , parecía estar compartiendo una nota laudatoria de las que suelen halagar a los líderes sobre el final de sus mandatos. Reliquias de un testamento político, al estilo de Lula Da Silva, en las páginas más prestigiosas de la Quinta Avenida.La alarma funcionó al revés. La nota que indujo a leer Cristina resultó ser un relato, elegante y preciso, de la más atroz de sus pesadillas: la muerte impune de un fiscal que la acusó, Alberto Nisman.La cuestión volvió con crudeza a la memoria cuando la comunidad judía evocó los 21 años del atentado a la Amia. Para peor, los mismos apuntados por los manejos oscuros con la Justicia habían festejado la tarde anterior en Tecnópolis el apartamiento del juez que investigaba por lavado de dinero –entre otras lindezas– a la empresa más mágica y próspera de la familia presidencial. ¿Cristina y su delfín, Carlos Zannini, dejaron pegado a Scioli en esa trama nauseosa de evasores en fuga? ¿O Scioli fue un garante oculto para que la maniobra se concrete?A esta altura del año y ya candidato único del oficialismo –decían sus voceros–, Scioli caminaría decididamente a diferenciarse del Gobierno para captar los votos con vocación de cambio.¿Modificó su táctica o la imposición de Zannini le puso en crisis toda la estrategia?En contraste con el macrismo, la coalición oficialista es tan voraz y flexible que Scioli no puede convencer de que será capaz de liderarla. Esa conducción firme será imprescindible si se atiende a las turbulencias que ha comenzado a mostrar la economía preelectoral: los números de la pobreza en aumento, el ambiente caldeado otra vez en el campo, y el argentino común que corre a protegerse en el dólar ahorro. Aplicando, diría el poeta, ciencia que se encuentra escondida de los curas y el gobierno, adonde aún no acaba el mundo y ya comienza el infierno.