Las dos puntas del equilibrio
Hubo una devaluación de verano, un atisbo de desboque inflacionario y el dudoso imperio de los “precios cuidados” apuntalado por el histrionismo presidencial en defensa del consumidor.
Hubo una devaluación de verano, un atisbo de desboque inflacionario y el dudoso imperio de los "precios cuidados" apuntalado por el histrionismo presidencial en defensa del consumidor. Sí, en defensa del consumidor. No debe extrañar. No sólo son tiempos posmodernos en los que, como ciudadanos, somos unos estupendos consumidores. Son también tiempos en los que el consumo ha sido pilar (para muchos, virtud) de la estrategia económica del kirchnerismo.Pero este año el consumo también está expuesto a la línea de fuego recesiva por una simple razón: su vigor depende de cuánta sangre fluya por las venas del salario y el empleo, los principales amortiguadores sociales.Por eso, con la puja de las discusiones paritarias ya asoman dos claras puntas del ajuste, que eventualmente permitan llegar al mejor equilibrio posible.Los pagadores, sean gobiernos o empresas, piden a gritos moderación. En números, eso se traduce en promover acuerdos anuales que no superen un alza promedio de 25 por ciento.Más claro aun: con ese horizonte, los salarios perderán frente a la inflación y el dólar, lo que provocará una retracción en el gasto de los hogares.La Casa Rosada está dispuesta a que la llama del consumo baje un poco. Es el mal menor.La otra punta del ajuste, con acuerdos salariales muy altos, implica más gasto público, que las provincias sólo pueden cubrir con más impuestos, y la Nación, con emisión de billetes.Para los gremios, el consuelo es igualar la suba de precios, y la meta ideal (legítima, por cierto) es ganarle por algunos puntos. El problema es que la expansión inflacionaria de 2014 sigue en la dimensión desconocida.La duda, entonces, es hasta qué punto se puede tirar de la cuerda. En ese escenario, para Guillermo Olivetto, de la consultora W y uno de los especialistas en consumo más influyentes, las consecuencias son dos.Una es la más previsible: retroalimentación inflacionaria. La otra, la más temida: impacto en el empleo, donde los trabajadores del sector privado tienen las peores cartas de la baraja.Por eso no fue casualidad que las centrales obreras cordobesas se hayan movilizado el viernes bajo la consigna de defender salario y fuentes de trabajo.Una cosa es tener menos plata en el bolsillo y otra muy distinta es no tener nada. El juego del equilibrio será complicado entre puntas tan sensibles.

