Las "chicanas" no paran la violencia social
Hace una semana, varios miles de hinchas de Boca se juntaron alrededor del Obelisco porteño para festejar “el 12 del 12 del 12”. Horacio Aizpeolea.
Hace una semana, varios miles de hinchas de Boca se juntaron alrededor del Obelisco porteño para festejar "el 12 del 12 del 12". La autodenominada "12" empezó con un festejo colorido que con las horas devino en corridas y saqueos por el centro de la ciudad. La máxima autoridad policial (la ministra Nilda Garré) admitió que jamás hubiera imaginado que una fiesta popular derivaría en pedradas contra vidrieras y autos que pasaban por la 9 de Julio. Fueron cientos los adolescentes que, llegados desde las postergadas villas porteñas y del Conurbano, se entregaron al violento festejo. Los saqueos de estos días tuvieron su centro en esos barrios marginales, donde los avatares de la áspera cotidianeidad se resuelven a los bifes, con códigos propios. De los 10 años de crecimiento económico, el derrame vio caer pocas gotas ahí. El Gobierno cree ver detrás de los saqueos la sombra de Hugo Moyano, la CTA y Luis Barrionuevo. En 2010, ante una revuelta de pasajeros que incluyó la quema de vagones ferroviarios urbanos, el Gobierno acusó al Partido Obrero y a "Pino" Solanas. Nunca se demostró la acusación. Ayer, en un curioso contrapunto, Moyano acusó por los actos violentos al oficialismo. "Para victimizarse", dijo, sin aportar tampoco pruebas. "Saqueos organizados", en definitiva, coincidieron funcionarios y Moyano, todos muy flojos de papeles probatorios. El 22 de noviembre pasado, la Corte Suprema dio a conocer un preciso y detallado mapa del delito en la Capital Federal y algunas ciudades del Conurbano. Allí se concluyó que los episodios más violentos (homicidios) ocurren en las villas de emergencia. Borracheras, violencia doméstica, hacinamiento, armas, desocupación. No se trata de criminalizar la pobreza. Ese informe, en todo caso, planteó una posible solución contra este tipo de violencia social: urbanización de las villas con veredas, asfalto, escuelas, cloacas y servicios públicos decentes (nada de "ganchos colgados" ni una canilla para cinco familias). Algo similar a la pacificación emprendida en las favelas de Río de Janeiro. Bastante por hacer como para perder energías en "chicanas" y teorías conspirativas incomprobables. Una vida cotidiana menos agresiva en las barriadas populares, más amable e "inclusiva", como dice el Gobierno. Quizá entonces, reclutar chicos para los saqueos se vuelva inviable.

