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La víscera sensible

El prolongado conflicto con Uruguay trajo sólo sinsabores a esta orilla del río. Adrián Simioni.

17 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La víscera sensible

El prolongado conflicto con Uruguay trajo sólo sinsabores a esta orilla del río. No le faltó nada al sainete criollo: vecinos convencidos de antemano de ser víctimas de una calamidad ambiental; la apelación a teorías conspirativas como la que dice que una sinarquía mundial ha decidido transferir las actividades contaminantes a países inocentes como los nuestros; un gobierno que no dudó en seguirles la corriente a los asambleístas con tal de no pagar ni el menor costo político; una oposición que tampoco se animó a decir clarito y en voz alta que un grupo de vecinos de una ciudad no puede gobernar la relación bilateral con otro país, y menos si tiene la categoría histórica del Uruguay; la apelación a tribunales internacionales donde -otra vez- salimos campeones morales (Uruguay violó el tratado del río, pero no hay pruebas de contaminación). Anoche, la asamblea quedó debilitada en dos y la improvisación para contar los votos fue la última entrega del sainete.

No obstante, resalta un lado positivo. La táctica del Gobierno de no apelar al bastonazo -incluso después del fallo de La Haya y de que la Justicia recordara que desde 2006 viene ordenando el desalojo sin que Gendarmería haya movido un dedo-, parece haber sido la mejor. Deja una lección: el uso inteligente de la vía legal es más respetuosa, legítima y efectiva que el gas lacrimógeno.

La decisión de la asamblea se explica por el hartazgo, la pérdida de apoyo social y el fallo. Pero el riesgo de perder la casa o la libertad por las demandas civiles y penales iniciadas por el Gobierno sin duda influyó en los piqueteros, cuya víscera más sensible, como la de todo el mundo, también debe ser el bolsillo. Quizá hoy el Estado haya inaugurado un nuevo método para lidiar con el conflicto social, al menos para cuando quien corta la calle tiene algo de valor para perder.