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La propensión a la desmesura

Una contradicción vidriosa atraviesa al Gobierno nacional en estas horas: sus voceros políticos denuncian a los gritos un golpe de Estado contra la Presidenta, pero la Presidenta desconoce que esté ocurriendo. Edgardo Moreno.

05 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
La propensión a la desmesura

Una contradicción vidriosa atraviesa al Gobierno nacional en estas horas: sus voceros políticos denuncian a los gritos un golpe de Estado contra la Presidenta, pero la Presidenta desconoce que esté ocurriendo. Unidos y Organizados es la formación política más cercana a Cristina Fernández. A poco de conocerse el reclamo de integrantes de las fuerzas de seguridad federales, dio a publicidad un pronunciamiento en el que reivindicó los objetivos del decreto que redujo los salarios de gendarmes yprefectos. Pero apreció que era justa la protesta.Este conflicto, según esa agrupación, ya se encuentra solucionado y, ahora, es objeto de una manipulación espuria por quienes fogonean el golpismo de manera abierta. A la cabeza de tan infausta tarea, los periodistas guionados que muestran lo que todavía sigue ocurriendo con el reclamo.Mientras su núcleo político denunciaba el golpe, la Presidenta encabezaba en vivo, por la cadena oficial, una ceremonia en la que no arriesgaba una palabra sobre tales acontecimientos.Algún trasnochado podría colegir que, en un acto de elusión institucional de connotaciones históricas, la jefa del Estado haya resuelto desertar de su agrupación y adscribir con su silencio a las filas de los conjurados.Tras la confusión inicial, sus leales seguidores podrían elogiar la versatilidad estratégica de su conductora que –advirtiendo con perspicacia la amenaza– logró infiltrarse con habilidad en las filas del enemigo. Pero, a estar por las declaraciones escuchadas en el Congreso Nacional, ni los opositores más cerriles a laseñora Kirchner se atreverían a dudar en semejantes dosis de la ubicuidad democrática de la mandataria.Habría que considerar, entonces, la alternativa menos heroica: que siendo consciente de la condición de pato criollo de los colaboradores que letrajeron a la firma el decreto, la Presidenta haya optado, con prudencia, por silenciarse ante el foro, ordenar una negociación urgente y esperar que la protesta decaiga. Mientras tanto, para ocultar el desaguisado, nunca le parece un exceso que sus vocerospolíticos les echen la culpa a los periodistas, por mostrar en Jesús María una plaza colmada de gendarmes comiendo chacinados de la rancia oligarquía.Esos voceros podrían haber advertido que, en realidad, la protesta de prefectos y gendarmes no puede sino generar un deterioro de las instituciones, en tanto no se encuadre en torno a la autoridad constitucional. Prefirieron el salto con garrocha: denunciar un golpe y marcar con la cruz invertida a los marranos escribas de la destitución.Los uniformados deben regresar a sus destacamentos y dialogar sobre sus problemas con las autoridades designadas por el poder legítimamente constituido. De los seguidores de la Presidenta cabría, en tanto, esperar un resto de sensatez: el cese del hostigamiento a los que piensan distinto, un regreso a la tolerancia. Después de todo, la señora Kirchner no ha dicho que alguien intente destituirla. Y pensar que calle esa enormidad, para reducirla a una agresiva vocinglería enunciada por interpósitas personas, sería acaso desconfiar en demasía de sus virtudes republicanas.En otra vereda, aunque no carezca de motivos justos, tampoco el titular de la Auditoría General de la Nación se privó de aludir a un golpe institucional para destituirlo. Mientras, el presunto secuestro de un testigo clave en el caso Mariano Ferreyra azoró a los millones que todavía aprecian, con más convicción que aquellas desmesuras, las genuinas garantías de un sistema democrático.