La primera gota, en medio de un desierto
Según la lupa que cada cual elija, se situará en estos dos extremos posibles para dimensionar la importancia o no de las novedades que los concejales de Córdoba acaban de incorporar al Código Electoral Municipal.
Vaso medio lleno o medio vacío. Según la lupa que cada cual elija, se situará en estos dos extremos posibles para dimensionar la importancia o no de las novedades que los concejales de Córdoba acaban de incorporar al Código Electoral Municipal. Digámoslo de entrada: no se trata de una reforma política ambiciosa y de fondo. Tampoco se propone limitar el volumen de los millonarios y cada vez más dudosos fondos que financian la actividad proselitista, ni mucho menos sugiere aportes económicos del propio Estado –como ocurre a nivel nacional– para hacer un poco más pareja la competencia entre los candidatos y sus chances de llegar al electorado.La pretensión es mucho más módica y quizás por eso mismo al proyecto del edil Esteban Dómina se le allanó finalmente el camino legislativo entre sus pares. Definitivamente, no viene a patear la estantería de lo vigente, sino a dar un mínimo e indispensable paso en favor de la transparencia.¿Hasta dónde llegan las novedades? Básicamente, a disponer incompatibilidades elementales para ser aportante de un candidato; a instituir un registro de los gastos que efectuó cada partido; al blanqueo de quiénes fueron sus mecenas; y a la posterior publicación de esa información, para que la ciudadanía pueda realizar un mínimo control social.Los datos provendrán de los propios partidos que siempre hicieron todo lo posible por ocultar sus gastos y luego los deberá cotejar la Justicia electoral, que al menos en otras jurisdicciones (sobran los ejemplos) se siente muy cómoda mirando para otro lado o sobrellevando apenas la obligación de cumplir requisitos formales.Si uno se atiene a estos antecedentes, no hay mucho margen para el optimismo. Pero si –en cambio– opta por una mirada más indulgente y evalúa los cambios como un avance al fin, el crédito para futuras mejoras en la legislación queda abierto.Dicen que para ver con cuál pierna defeccionan, a los rengos primero hay que verlos caminar. Con las reformas al Código Electoral, esa oportunidad se daría recién en los comicios municipales de 2015, cuando debutará esta norma.Por lo pronto, queda la sensación de que en la próxima campaña los partidos al menos tendrán que esforzarse por hacer –o quizás hasta "dibujar"– una lista con nombres de sus aportantes y el dinero que puso cada uno de ellos. Hoy no existe ni esa, ni ninguna otra obligación que los condicione. Cada cual hace su juego con manos libres, sin rendir cuentas de ningún tipo.¿Vienen cambios que no cambian nada o estamos frente un primer paso para intentar transparentar una de las zonas más oscuras de la política? Optimistas y pesimistas ya pueden perfilar sus respuestas.

