La primera duda es cuántos van a ir a votar
El que no va a votar podrá estar queriendo decir un montón de cosas, pero lo concreto es que no dice nada. Y es muy probable que termine beneficiando al que quiere perjudicar.
Antes de ver por quién piensan votar los argentinos en un par de semanas, los principales comandos de campaña y sus consultores están viendo cuántos van a ir a votar.
El grado de participación en una primaria para una elección parlamentaria en medio de una pandemia es el primer elemento que desvela a quienes andan por estas horas a la caza de votos.
Hay una serie de elementos para tener en cuenta. En las elecciones parlamentarias se registra una participación levemente menor que en aquellas por cargos ejecutivos. Y a su vez, hay una diferencia de casi cinco puntos de concurrencia a las urnas entre las primarias y la general.
Así y todo, en las últimas Paso legislativas de hace cuatro años, la concurrencia a las urnas rondó el 70 por ciento.
Pero la pandemia cambió todo en cuanto a comportamientos individuales y sociales. Se hicieron ya algunas legislativas provinciales, como por ejemplo en Salta y Misiones, con una merma de un 10 por ciento de votantes respecto de comicios anteriores.
En Córdoba tuvimos algunas votaciones municipales, que suelen estar signadas por un mayor interés ciudadano porque está en juego la elección del gobernante más cercano.
La más baja fue en Río Cuarto en noviembre pasado, cuando ni se había iniciado la campaña de vacunación, con una concurrencia que no alcanzó el 50 por ciento del padrón.
El domingo pasado se eligió intendente en Sampacho, 45 kilómetros al oeste de la capital alterna de la provincia, y la participación estuvo en un 57 por ciento.
Todas las encuestas que dan vueltas sobre las Paso incluyen la pregunta al entrevistado sobre si irá o no a votar. Hace unos meses eran más quienes respondían que no que aquellos que decían sí, pero el porcentaje va subiendo lentamente a medida que fluye la campaña y se acerca la fecha de la elección, y en sintonía también con el lento avance del plan de vacunación.
No obstante, aún no se acerca a aquel 70% de otras Paso legislativas.
No sólo hay una cuestión sanitaria en el desinterés. Otros elementos de apatía y enojo ciudadano están jugando y pueden no ser neutros para el resultado.
Hay que tener en cuenta que quien no va a votar podrá estar queriendo decir un montón de cosas, pero lo concreto es que no dice nada. Y es muy probable que termine beneficiando al que quiere perjudicar. Porque las bancas se reparten igual. Voten 10 o voten todos.
Cuanto menos ciudadanos voten, más inciden los aparatos partidarios, las estructuras de los oficialismos, los que tienen militancia consolidada, los ultra, los más radicalizados.
Lo que se juega
En el caso de Córdoba, hay dos cosas grandes en juego en las Paso: la disputa para adentro de Juntos por el Cambio y la pulseada del peronismo para afuera, con sus dos listas. La participación es tenida más que en cuenta al momento de trazar vaticinios.
Y otro elemento que se está colando cada vez con más fuerza en los sondeos previos: el posible corte de boletas. No sólo hay intención de voto diferentes en los tramos de senadores y diputados de las principales agrupaciones, sino también voluntad manifiesta de segmentar la papeleta.
Respecto del tema de la participación en la principal disputa para el domingo 12 –Luis Juez-Rodrigo de Loredo contra Mario Negri-Gustavo Santos– las preferencias difieren según la zona geográfica.
Los primeros están consolidados en la Capital, mientras que los segundos tienen su fortaleza en el interior. Si varía mucho la participación por regiones, puede llegar a tener incidencia en el resultado.
Por eso, la duda de arranque para las primarias es saber cuántos van a votar. Y recién después, cómo votan.

