La paja y la viga
Algunas autoridades municipales han dado sobradas muestras de que les resulta más fácil pronunciarse sobre cuestiones más distantes que ocuparse de las cuestiones de su incumbencia. Roberto Battaglino.
El viceintendente de la ciudad de Córdoba, Carlos Vicente, es afecto a mandar comunicados de los temas más diversos.
El viernes pasado, envió uno que decía textualmente: "Tanto los funcionarios como los legisladores tienen retribuciones privilegiadas respecto de lo que percibe la mayoría de los cordobeses", y abundaba en consideraciones sobre la ética en la crisis, la corrupción y los privilegios personales, para reclamar el rechazo al aumento enviado por el gobernador Juan Schiaretti a pedido de oficialistas y opositores. "Ésta es una demostración de lo que vengo diciendo: el bipartidismo y las corporaciones todavía siguen vivos y se resisten a abandonar la buena vida que les provee su adhesión a actos y pactos a espaldas de la gente".
Al comunicado le faltaba un detalle no menor: Vicente gana más o igual que lo que pretendían cobrar legisladores y ministros provinciales. Buena vida y buen comunicado, en el orden que se le quiera dar.
El episodio revela dos elementos: sigue siendo más fácil, como en la conocida cita bíblica, encontrar la paja en los ojos ajenos que las vigas en los propios; sigue siendo menos complicado pronunciarse sobre cuestiones diversas que dedicarse a resolver los problemas en serio que uno tiene en su jurisdicción.
El Concejo Deliberante y el Ejecutivo de la ciudad de Córdoba son especialistas en dar muestras sobre este último punto, en una metrópolis con cada vez más urgencias y complicaciones.
La Escuela de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Córdoba y otros organismos universitarios alertaron anteayer sobre la búsqueda de "soluciones mágicas" en problemas graves y complejos como la deserción escolar y la violencia familiar en las escuelas municipales, al sorprenderse -como muchos cordobeses- de que la directora de Escuelas de la Municipalidad de Córdoba, la primera dama Gabriela Almagro, dijese que reparte agua bendita para hacer frente a esas cuestiones.
La religión puede ser un más que legítimo refugio espiritual para un funcionario. Pero la obligación de los gobernantes excede lo espiritual y se instala en lo terrenal de resolver problemas concretos de toda la comunidad.
En tal sentido, la influyente esposa del intendente Daniel Giacomino dijo con todas las letras que les pide a los funcionarios que recen para resolver los problemas de la ciudad, con lo cual los cordobeses capitalinos bien pueden preguntarse si deben esperar soluciones de sus autoridades o aguardar milagros celestiales.

