Temas del día:

La máquina de errar

Ya hubo varios funcionarios que se estamparon el helado en la frente como Forster. Empezando por quienes enarbolaron bien alto la teoría del suicidio. En días, Nisman también pasó de Satanás a “pobre muchacho”.

29 de enero de 2015 a las 08:38 a. m.
Redacción La Voz
La máquina de errar

Pobre Ricardo Forster. Ayer fue la última víctima de un deporte que se ha tornado de alto riesgo: firmar al pie las teorías que Cristina Fernández va sacando con fritas para tratar de hilvanar un relato más o menos creíble. El pensador arriesgó que la denuncia de Nisman buscó desatar la bronca "cuando la sociedad vivía con alegría el verano". Pero eso no es nada. Cada uno hace los chistes que puede.Sucede que Forster –quien hasta ahora había callado, como los demás intelectuales y artistas del Presupuesto tan proclives al clamor en otras ocasiones– también señaló que el accionar de Nisman había sido muy inverosímil desde el momento en que "decide repentinamente regresar" de España. El filósofo coordinaba así su pensamiento con el expresado por la Presidenta en la cadena nacional del lunes. Pero resulta que, al rato, la fiscal Viviana Fein sepultó esa idea: Nisman sacó su pasaje de regreso en Buenos Aires, antes de partir.La Casa Rosada trató de retrucarla: recordó que el propio Nisman había revelado su regreso "intempestivo" a sus colaboradores. Vaya a saber por qué Nisman texteó eso. Lo cierto es que el mismo fiscal que para el Gobierno es un mentiroso, es puesto ahora, por el mismo Gobierno, como testigo. La vida de los otros El tema del regreso del fiscal había sido clave en el intento oficial por mostrar sus "rarezas". La Presidenta de la Diversidad había sugerido una relación "íntima" entre Nisman y Diego Lagomarsino e incluso prontuarió por TV al colaborador del fiscal con datos (la fecha en que tramitó su pasaporte, su carácter de "férreo opositor", sus parentescos) que eran irrelevantes o se revelaron falsos. De paso, quedó expuesto que el Gobierno, como hizo en Aerolíneas Argentinas con el periodista Pachter, no duda en hurgar las bases de datos del ministro del Interior, Florencio Randazzo, para espiar y divulgar cuándo un ciudadano realiza un trámite personal.Ya hubo varios funcionarios que se estamparon el helado en la frente como Forster. Empezando por quienes enarbolaron bien alto la teoría del suicidio tras la primera carta de Cristina Fernández en Facebook, quien a los dos días los dejó pedaleando con la teoría de un homicidio del que estaba, ahora así, "segura", aunque sin pruebas.Otro deslizamiento memorable fue el que primereó con un Nisman satanás de los tribunales al que iban a exorcizar con los tapones de punta, para luego convertirlo en un "pobre muchacho", manipulado primero, y amenazado después.La Presidenta parece no encontrar el hilo de Ariadna para salir del laberinto en que ella misma se metió cuando ordenó echarle los perros a Nisman. Si la denuncia es ridícula y fruto de una conspiración de todos los malos del mundo, la Justicia se encargará de decirlo. Cosa que no es fácil: la acusación contiene una hipótesis sobre el giro diplomático con Irán y sobre su fracaso. Puede que esa hipótesis sea descartada –incluso de plano– por la Justicia. Pero es verosímil ante el desdén de un Gobierno que nunca se molestó en explicar aquel abrazo secreto con Mahmud Ahmadinejad.Es una urgencia en mal momento. La máquina de relatar es hoy un aparato para errar.