Temas del día:

La lógica del populismo

El exministro K Martín Lousteau elige una definición para resumir el populismo: la permanente subordinación del largo plazo a las urgencias del corto plazo.

04 de febrero de 2014 a las 01:50 p. m.
Redacción La Voz
La lógica del populismo

El exministro K Martín Lousteau elige una definición para resumir el populismo: la permanente subordinación del largo plazo a las urgencias del corto plazo (La Rosada apuntó al campo, a ahorristas y a empresas). Para la corriente política en la que abreva el Gobierno, todo se enfoca en el hoy, en las próximas semanas. Por eso, muchos ven improvisación cuando en realidad sólo hay lógica.¿No veían el atraso cambiario? Sí, claro, pero subordinaban todo a mantener el nivel de actividad. ¿No se daban cuenta del creciente déficit público? Claro, pero preferían mantener en las venas de la economía la "droga" de la inflación (vía emisión) y no la resaca de la sobriedad y la austeridad.Por eso, no debería sorprender la dura embestida del "Jefe" Capitanich a la otrora "sana costumbre" del ahorro: "El ahorro promueve la avaricia y es poco solidario con el resto de los argentinos… Si todos tuviéramos una actitud constructiva y solidaria (el dinero excedente) no se destinaría a la especulación sino a la inversión". "El ahorro retrasa la expansión y el crecimiento económico", resumió. Desde el punto de vista académico, hay buena parte de razón en el razonamiento del principal sparring que CFK tira cada día al ring de la discusión. El ahorro es consumo postergado y –en ese sentido estricto– ralentiza el ciclo económico. Hay excelentes ejemplos de sociedades que –viviendo endeudadas, es decir, sin ahorro propio sino ajeno– no detienen su círculo virtuoso… hasta que una crisis de confianza frena la rueda. El tema de estas semanas no es que los argentinos se hayan vuelto más egoístas y amarroquen dinero en dólares. El punto es que ante la impericia del Gobierno nos hemos ido asustando todos los que imaginamos un futuro próximo peor que el actual presente y –por lo tanto– postergamos consumo ahora hasta ver cómo sigue la historia. No escuchar la desconfianza en el Gobierno es promover con la sociedad un diálogo de sordos, en el que unos hablan con el cerebro y otros le contestan con el bolsillo.