La irrupción de un actor político
La Policía de Córdoba dejó en evidencia, de manera dramática, cuál es hoy su capacidad de negociar con el poder político.
La Policía de Córdoba dejó en evidencia, de manera dramática, cuál es hoy su capacidad de negociar con el poder político. Hasta qué punto puede llegar en sus reclamos. Ayer, al momento de sentarse cara a cara, el Gobierno había entendido, por la fuerza de los hechos, que los vecinos no iban a resistir otra noche igual a la del martes (ver Fuera de control).
Al igual que en el narcoescándalo, la fuerza volvió a aparecer, en estas últimas horas, como un actor político autónomo, con una gran capacidad de generar caos social (ver Acuerdo, luego de 35 horas de caos).
En el narcoescándalo, surgió una silenciosa disputa interna en el trasfondo de la investigación. Efectivos que por lo bajo azuzaban las denuncias y delaciones con el objetivo de tumbar al entonces jefe político de la fuerza, Alejo Paredes. Con él, cayó Rafael Sosa, titular de Lucha contra el Narcotráfico, considerado, al interior de la fuerza, como un ladero de Paredes.El vacío que ellos dejaron también se interpretó como una redistribución de los poderes al interior de la Policía.¿Quién se va a quedar con el liderazgo político de los desplazados? El nuevo jefe, César Almada, un hombre considerado muy bien por los subalternos, de más contactos policiales que políticos, sufrió en esta crisis policial un duro revés. Cuando en la madrugada del martes fue a la base del CAP del Distrito 5 a reunirse con los acuartelados, llegó entre aplausos y se fue abucheado. "La cadena de mandos está rota", era el comentario generalizado ayer a la mañana.La nueva ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, aún no ha podido hacer pie en el Gobierno, entre escándalo y escándalo.Mientras tanto, en algunos barrios, como Marqués Anexo, corrió el rumor de que fueron policías los que advirtieron que la calle había quedado "liberada".Las dos mayores autoridades aparecen, por estas horas, en una posición por lo menos incómoda. La correlación de fuerzas al interior de la Policía continúa sin nombres propios, aunque ya se vislumbra un poder interno capaz, hoy por hoy, de poner en jaque al poder político.

