La interminable peregrinación a la Casa Rosada
De la Sota trata de hacer buena letra con el Gobierno nacional. Su objetivo es conseguir destrabar los fondos que le adeuda el poder central. Julián Cañas.
La realidad política del país y la endeblez de las finanzas provinciales obligan a José Manuel de la Sota a estar pendiente de la negociación que comenzó con el kirchnerismo. Luego de 100 días de gestión, el gobernador logró al menos que un par de funcionarios nacionales escuchen sus argumentos por la deuda de 1.900 millones que reclama al poder central.
Algunas puertas se abrieron para el mandatario cordobés, luego de que el 24 de enero pasado tuviera un breve encuentro con la presidenta Cristina Fernández, precisamente cuando la jefa del Estado reapareció luego de su operación de tiroides. “Quedate tranquilo, que te van a llamar mis funcionarios”, lo tranquilizó la Presidenta.
El llamado vino de parte del jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina. Días después, De la Sota fue recibido por el propio funcionario y el titular de la Anses, Diego Bossio. La mayor preocupación del gobernador es el déficit de la Caja de Jubilaciones de la Provincia, que se lleva 133 millones mensuales de las arcas locales.
De la Sota también reclama la deuda de 1.040 millones por el convenio firmado por Juan Schiaretti, que venció el 31 de diciembre pasado.
En el Centro Cívico, consideran que esa acreencia podría negociarse a cambio de alguna obra, ya que hay pocas expectativas que los K desembolsen en efectivo tal monto, en esta época de ajuste, también para la Casa Rosada Es más, el jefe del Gabinete provincial, Oscar González, quien se reunirá con Bossio en los próximos días, pedirá que se destrabe un desembolso de 250 millones de pesos que en noviembre pasado figuraba en las remesas que la Nación gira a Córdoba, pero que nunca se acreditó en las cuentas provinciales. De la deuda de más de mil millones, hablarán después.
No obstante, la negociación con la Nación es más política que una discusión por números. Un funcionario K le admitió al propio De la Sota que había una razón política detrás de la falta de cumplimiento del convenio que en su momento firmó Schiaretti.
De la Sota ya modificó su discurso inicial, de cordobesismo duro a dialoguista empedernido. Trata de disimular la situación de dependencia de la Provincia del poder central.
En realidad, el kirchnerismo le exigirá alineamiento político y buena letra con la presidenta Cristina Fernández. Caso contrario, correrá la misma suerte que su antecesor Schiaretti: ni un peso, aun con los acuerdos firmados.

