La institucionalidad como anécdota
Los particulares que se traspasan un inmueble suelen cruzar más datos y más colaboración que los dos dirigentes políticos que se pasarán de manos la segunda ciudad del país. Virginia Guevara.
Daniel Giacomino y Ramón Mestre hasta ahora no lograron ponerse de acuerdo siquiera en el horario del acto de traspaso de mando de la Municipalidad de Córdoba. Todo indica que no compartirán ni la foto, y que dentro de dos semanas un escribano será quien constate que uno se va y el otro asume. Es un detalle de pura formalidad, pero también sintetiza lo que ocurrió entre ambos desde el 18 de septiembre a la fecha: nada más que desencuentros. Los particulares que se traspasan un inmueble suelen cruzar más información y más colaboración que estos dos dirigentes que se pasarán de manos a la segunda ciudad del país. Todo está tan desvirtuado en la Capital cordobesa, que la institucionalidad termina casi siempre convertida en anécdota.Los indicadores económicos y financieros de un municipio, sus deudas flotantes, la cantidad y la distribución de sus empleados (y de sus sueldos), o las licitaciones en marcha, deben estar disponibles para cualquier ciudadano, y más para un intendente electo. Giacomino entendió que se trataba de un favor a Mestre y en esos términos brindó algunos datos, casi siempre incompletos y carentes de rigor. Con el mismo criterio se elevó, y se aprobó en primera lectura el presupuesto 2012, que en pocas semanas será replanteado de cabo a rabo.Idéntico fue el tratamiento otorgado al cambio de sistema de pago del transporte. Giacomino se prepara para el sepelio del cospel, y Mestre para resucitarlo. Revisará el cuestionado contrato y nadie descarta una nueva denuncia penal.El diagnóstico de Mestre sobre el municipio es dramático, tanto en lo operativo como en lo económico. Una lógica elemental indica que exagerar el problema es la manera más fácil de sobrevalorar, después, las soluciones. O de justificar la ausencia de esas mejoras que los cordobeses esperan. El problema es que el diagnóstico ciudadano, más vinculado a aquello concreto y cotidiano que el municipio tiene la obligación de resolver, es igual de impiadoso.

