La industrialización a los patadones
La Presidenta abogó ayer por avanzar en la industrialización de las materias primas en cuya producción Argentina es mejor que nadie. Adrián Simioni.
La Presidenta abogó ayer por avanzar en la industrialización de las materias primas en cuya producción Argentina es mejor que nadie. Lo han dicho muchos desde hace décadas. Y nadie se ha opuesto seriamente a ese objetivo, porque sería ridículo. Sería como oponerse a que haya menos pobreza. En lo que sí hay fuertes diferencias es en cómo alcanzar la meta. Nunca hubo políticas públicas sustentables al respecto. Cada gobierno, en épocas de vacas gordas, hizo lo que pudo, metiéndole nafta al consumo y/o a un proteccionismo de tranco corto, porque eso siempre permitió ejercer poderes discrecionales y redituó capital político. Los gobiernos a los que les tocaron vacas flacas –generadas por los desvaríos de cada período anterior– tuvieron que administrar crisis fiscales y cierres de fábricas inviables.
Los políticos argentinos deberían leer La industria peronista, del historiador Claudio Bellini, para acceder a un análisis desapasionado de esas inconsistencias.
El actual Gobierno es pródigo en ellas. Cristina Fernández puede querer que se embarquen hamburguesas y no porotos de soja. Pero fue su secretario Guillermo Moreno el que hizo bajar de los barcos contenedores con carne. Y fueron las medidas antidumping, que el Ministerio de Industria saca con fritas (Argentina lidera el ranking de estas medidas para proteger sectores que difícilmente vayan a ser sólidos alguna vez), las que llevaron a China a “primarizar” la mayor exportación argentina con algún agregado industrial al sustituir compras de aceites por las de porotos de soja.
Además, el kirchnerismo es prejuicioso. Su idea de una fábrica es cincuentista. Se representa en la heladera Siam Di Tella (como quedó demostrado en el festejo del Bicentenario). Los granos, para ellos, pueden dar lugar a la industria después de cosechados. Pero hay mucha industria y valor agregado antes de sembrarlos: genética, agroquímicos, sembradoras de siembra directa que incluso se exportan.Y es un conglomerado sin pies de barro. No como algunas industrias que se ponen en marcha para satisfacer caprichos de Moreno (sólo puede importar quien exporta). Así, a los patadones, el riesgo es desperdiciar inversiones en fábricas que sólo durarán un verano.

