La guerra de los Roses a la cordobesa
Habitualmente mesurado a la hora de declarar, ayer el gobernador Juan Schiaretti no anduvo con medias tintas. Julián Cañas.
Habitualmente mesurado a la hora de declarar, ayer el gobernador Juan Schiaretti no anduvo con medias tintas. Aseguró que fue José Manuel de la Sota quien vetó a Olga Riutort como candidata a intendenta de Córdoba por el PJ. Esto era algo que repetían por lo bajo sus hombres más cercanos cada vez que desde el entorno delasotista dejaban trascender que De la Sota decía que Riutort era la mejor candidata que podía ofrecer el peronismo, luego de que Schiaretti diera su respaldo a Héctor Campana. Para no dejar dudas de su apoyo, Schiaretti también resolvió que su esposa, Alejandra Vigo, fuera la compañera de fórmula de su vicegobernador.Aunque se esforzó en aclarar que "nunca" se va a pelear con su sucesor, ningún peronista supo explicar ayer los motivos que llevaron al gobernador a hacer pública esta definición, el día después de los comicios municipales que terminaron con otro fracaso del peronismo de la Capital.Es probable que Schiaretti haya intentado poner negro sobre blanco las cosas en la interna peronista. El gobernador no quiere quedar como el responsable del veto a Riutort, quien volvió a sacar más votos que la fórmula oficial del partido oficialista.Según la versión de Schiaretti, cuando hablaron del tema de las candidaturas con De la Sota, el entonces candidato a gobernador se apoyó en la conocida película La guerra de los Roses (1989), dirigida por Danny DeVito, para rechazar que su ex esposa fuera la candidata en la Capital, el principal distrito electoral de la provincia.La película estadounidense narra la historia de un matrimonio que parecía llevar una vida ideal y que luego terminó en una guerra despiadada. En términos políticos, algo parecido a lo que sucedió entre De la Sota y Riutort cuando el entonces gobernador y su segunda esposa se divorciaron, en noviembre de 2004.Schiaretti reiteró que en diciembre, cuando termine su mandato como gobernador, renunciará a la presidencia del peronismo provincial. Le dejará esa responsabilidad a De la Sota, quien asumirá como gobernador. Una vieja regla del peronismo indica que quien gobierna también conduce el partido.Es lo que hizo Schiaretti en los últimos cuatro años, a veces con críticas veladas por parte de De la Sota. Además de recibir la herencia de la gestión, De la Sota será quien deberá resolver la interna de su partido en la ciudad de Córdoba. La división llevó a que el peronismo no tuviera chances de gobernar la Capital desde la recuperación de la democracia.

