La gravedad de no cumplirlas normas
No se trata de cargar las culpas a todo el radicalismo por el accionar de aquellos a los que se les ocurrió lanzar tres bombas de estruendo. Carlos Paillet.
No se trata de cargar las culpas a todo el radicalismo por el accionar de aquellos a los que se les ocurrió lanzar tres bombas de estruendo en un salón cerrado y desbordado de gente. Pero hay recaudos de seguridad que se deben tomar cuando la concurrencia supera las expectativas y los espacios. Y ayer, hay que decirlo, esas precauciones no fueron atendidas en el club Argüello Juniors.
El radicalismo, que aspira a ser gobierno en la provincia en 2011, pero de manera particular en la Municipalidad de la Capital, no cumplió ayer con una normativa de convivencia elemental: no se puede apretujar a 2.500 personas -aproximadamente ésa es la cantidad de gente que había en el acto de ayer- en un local que, con mesas y sillas, tambores y banderas desplegadas, no puede albergar, con prudente comodidad, a más de mil.
Quedaron dirigentes estremecidos tras los estruendos. Oscar Aguad y Mario Negri lucían pálidos en la calle tratando de averiguar el estado de salud de los lesionados. "¿Por qué no se hizo esto en otro lugar más amplio y seguro, como Forja o la Vieja Usina?", se preguntaban algunos. "La gente nos desbordó", respondían otros.
En realidad, las bombas inconscientes desnudaron aquella falta de apego a las normativas; de otra forma, los caciques barriales de la UCR hubieran salido a celebrar por la multitud congregada, incluso exagerando las cifras sobre la verdadera concurrencia.
Otro factor penoso radicó en las explicaciones de baja calaña que ensayaron algunos punteros interesados sobre los responsables del hecho.
"Son los del grupo de Miguel Nicolás", acusaron desde un bando opuesto al legislador. Rápidos, operadores de Nicolás intuyeron que los que tiraron las bombas fueron adversarios de ese grupo y que quisieron perjudicar al dirigente.
Detrás del embate que casi termina en tragedia, quedaron sin pronunciarse los discursos de fuerte tono contra las gestiones de la Provincia y de la Capital. Negri había hecho punta con el suyo, pero la pirotecnia disparada por irresponsables les aguó la fiesta.
