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La crisis del mestrismo preocupa al delasotismo

En medio de la crisis de la gestión municipal, no sorprendería que, a su regreso de Estados Unidos, De la Sota haga algún gesto concreto de apoyo a Mestre.

26 de abril de 2014 a las 12:02 a. m.
La crisis del mestrismo preocupa al delasotismo

El viernes 14 de marzo pasado, en un plenario del radicalismo que se realizó en Villa Giardino, Ramón Mestre pronosticó el fin del ciclo de José Manuel de la Sota en el poder. Cuarenta días después, la gestión mestrista atraviesa su peor crisis y esta situación no es festejada por el delasotismo. Es más, le preocupa.

El gobernador siempre trató de galvanizar el bipartidismo, ante la molesta irrupción del juecismo, una década atrás. En este escenario, todo lo que sucede en el Palacio 6 de Julio está bajo la lupa del Centro Cívico.

Aquella sentencia del intendente hoy parece lejana, por el cimbronazo que vive su administración.

No fue un dato menor que esa dura definición del intendente se produjo un día después de una sorpresiva reunión con De la Sota, en un hotel de Capital Federal. El encuentro fue convocado por el gobernador, según difundieron los mestristas.

Nunca trascendieron los temas abordados. Pero desde algunos sectores del radicalismo se habló de un supuesto pacto entre De la Sota y Mestre para que todo siga igual, después de 2015: el PJ gobernando la provincia y el radicalismo, la Capital.

Esa sospecha surgida de la siempre activa interna radical tardó un suspiro en convertirse en una verdad para Luis Juez, quien tomó la reunión como una prueba contundente para marcar diferencias con De la Sota y Mestre.

Los débiles puentes que se venían construyendo para una posible alianza opositora volaron por los aires por las denuncias que el juecismo hizo contra Mestre.

Si hay un pacto entre De la Sota y Mestre, sólo el tiempo lo desnudará. Lo concreto es que hoy el intendente no tiene tiempo para pensar en su futuro político.

Las sospechas y cuestionamientos apuntan al corazón del mestrismo: el viceintendente Marcelo Cossar; el secretario de Gobierno, Facundo Cortés Olmedo y Sergio Torres (Economía).

Desde hace un tiempo, también están bajo observación el secretario de Transporte, Juan Pablo Díaz Cardeilhac y el secretario privado, Juan Pablo Ostanelli. Este último no tiene a su cargo una área sensible, pero tal vez sea el funcionario más influyente, porque como coinciden no pocos radicales y juecistas, “Ostanelli es Mestre”.

El intendente les pidió la renuncia a todos sus funcionarios, salvo Alberto Giménez. Todo hace pensar que se viene una fuerte reestructuración del gabinete para afrontar lo que parece una tormenta perfecta.

En sus primeros tiempos en el cargo, Mestre utilizó estas dos palabras (tormenta perfecta) para calificar a la herencia recibida. Ahora a su administración le calzaría esa adjetivación, por la mezcla de problemas de gestión y sospechas de corrupción, un cóctel explosivo para cualquier gobernante.

No sorprendería que en el próximo equipo de Mestre convivan viejos y nuevos dirigentes radicales. El intendente tendría decidido abrir su gobierno al partido, en medio del vendaval.

El intendente creyó ver fantasmas externos. Pero sus propios secretarios se cruzan denuncias en privado. Uno de los involucrados en los últimos escándalos no dudó en apuntar a Ostanelli por “su caída en desgracia”, con el presunto objetivo del secretario privado de salvar su cabeza.

Una sospecha grave y sin sustento, que dimensiona la crisis en el mestrismo.

En el delasotismo no festejan los problemas en el municipio. A De la Sota no le conviene un Mestre débil en la convulsionada interna radical. De última, el intendente se ha convertido en un rival acérrimo del peor enemigo del gobernador: Luis Juez.

No debería sorprender que a su regreso, el gobernador haga algún gesto concreto de apoyo a Mestre. Aunque De la Sota también tiene sus propios fantasmas y problemas.