La bitácora del Nestornauta
Kirchner nunca pudo explicar su exorbitante patrimonio. Murió dejando más dudas que certidumbres sobre el origen de su riqueza. Edgardo Moreno.
El Gobierno nacional verborrágico enmudeció ayer durante horas. Tal vez esperaba importar una buena noticia desde Venezuela para ocupar el silencio. Pero el pájaro caribeño tampoco dijo ni pío. Una saga de hombres de paja, en la ruta de un dinero sucio, sacudió al oficialismo porque le apuntó al corazón. Lo que puso en duda el informe difundido por Jorge Lanata no es otra cosa que el papel cumplido por el expresidente Néstor Kirchner en la organización de una red de complicidades delictivas para derivar recursos públicos hacia cuentas privadas.
Kirchner nunca pudo explicar su exorbitante patrimonio. Murió dejando más dudas que certidumbres sobre el origen de su riqueza, construida durante una larga vida en el funcionariado. El único certificado de transparencia que obtuvo lo libró un juez, Norberto Oyarbide. El resto quedó anotado en el agua. Sumas y restas que no sobrevivieron a ese frágil cuaderno de bitácora.
El informe Lanata ha exhibido testimonios y documentos que confirman la existencia de un alambique en cuyo origen están el presupuesto estatal y las obras públicas. Y en el final, cuentas bancarias y sociedades off shore para acrecentar patrimonios particulares. Los actores de esa trama manifiestan que, en el vértice, dos socios impartían instrucciones: Lázaro Báez y Néstor Kirchner. Báez está vivo. Un juez puede preguntarle si sacó ilegalmente del país 55 millones de euros. Si los obtuvo y cómo. Y si la providencia fue generosa para rescatarlo del Banco de Santa Cruz y obsequiarle la combinación única de la prosperidad y el vértigo.
Ayer, el Gobierno quedó atrapado en programas de chimentos, entre el criterio de Karina Jelinek y un amargo tiramisú. Las perezosas audiencias de la siesta comienzan a entrever de dónde venía el combustible del Nestornauta.

