La apuesta de Blas Pascal y la causa de la libertad
Carta Abierta justificó la perpetuación del formoseño Insfrán y tiene una opinión favorable sobre la reforma constitucional. Edgardo Moreno.
El argumento plantea: no tenemos certeza de la existencia de Dios, pero es racional apostar que sí existe. Aun cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera ínfima –decía el filósofo y matemático Blas Pascal–, tal pequeñez se compensaría con la enorme ganancia que se podría obtener: la gloria eterna. Con razonamientos similares avanza, como un carromato obcecado, el plan oficialista de reforma de la Constitución nacional. Es una apuesta difícil. Las probabilidades todavía son bajas, inciertas. Pero igual el oficialismo la juega porque la ganancia eventual es la gloria eterna. Ricardo Forster, profesor de Carta Abierta, llevó hasta el límite la idea, en estos días. Justificó la perpetuación del gobernador formoseño Gildo Insfrán, tendió un manto de complacencia sobre ese territorio de la vergüenza; para sostener su opinión favorable a la reforma constitucional.Así será el camino, idéntico en los objetivos al menemismo de 1994 y también similar en los métodos. Está en marcha el operativo clamor del club de gobernadores afines a la Casa Rosada. El kirchnerismo conoce de memoria el procedimiento: Néstor –entonces un menemauta – integró aquel colectivo. Otra vez será explorada la pesca de opositores. Pino Solanas y Luis Juez, objetores vocingleros de toda corrupción, acaban de votar yhacer votar el encubrimiento para Amado Boudou. Aunque ahora declamen su rechazo a la re-reelección, la pregunta oportuna es otra: ¿levantarían la mano en contra de la necesidad de la reforma?Lo que se muestra diferente esta vez es la justificación discursiva que arropará el emprendimiento reformista. Para emular la expresión de Cristina, hay varios que no deberían "hacerse los rulos". Con bonete, en primera fila, los especialistas en derecho constitucional. A ellos les lloverán profesores de cátedra urgente. Como ahora, a los economistas moderados les garúan los reproches sarmientinos de Axel Kicillof.Mientras argumenten sobre los tópicos de rigor –la necesidad, la oportunidad y la conveniencia– sus antiguos ayudantes de aula les caerán con una invalidación totalizadora. Serán subsumidos, sin más, como la vocería de la "superestructura jurídico-política". Serán interpelados como meros defensores de la expresión normativa de un modo decadente de producción capitalista. Como en los años '90, ahora por izquierda, el relato del oficialismo llegará para decir que la reelección del jefe del Poder Ejecutivo es una variable necesaria pero dependiente; en aras de la cristalización normativa, en un nuevo texto constitucional, de los avances ya obtenidos por el movimiento político en el poder. En los '90, era la revolución conservadora. Ahora, la que ordena y conduce, desde el fondo mismo de los tiempos, el mito fundacional de Néstor Kirchner.Si entre ambas posiciones alguien alcanzare a percibir una contradicción, esta se admitirá y se procesará como una antítesis necesaria para la evolución dialéctica. De ese modo, las inconsecuencias de ayer mutarán en insumos necesarios para la revisión de hoy. En esa lógica, como lo que estará en juego serán los cimientos de la nueva nacionalidad, estará plenamente justificada toda hostilidad discursiva. Se dirá desde el poder que no puede haber concesión alguna –y no la habrá– a la hora de construir (otra) genuina transformación. Y así, aunque fuese por la probabilidad marginal de la gloria eterna, habrán de sobrevivir nuevamente los dos temas políticos que resistieron, a través de los siglos, al desafío de todas las ideologías: la eliminación del enemigo y la revolución. Ninguna novedad, ya ha sido advertido: la única causa abandonada será la más antigua de todas, aquella que alumbró la existencia misma de la política. La causa de la libertad.

