Invocando a los Papá Noel que nunca vienen
Schiaretti prometía en nombre de la ilusión de un De la Sota presidente, que ya no existe. Si a la Provincia no la ayudan, ¿ayudará ella a la Capital?
En un país que ha licuado el federalismo económico, las jurisdicciones más potentes absorben y retienen para sí recursos de las instancias de gobierno menores.
Pasa con la Nación cuando ningunea a la Provincia, y también, a otra escala, en la relación de la Provincia con los municipios.
La plata vuelve en dosis menores a lo que debería. Es la vigencia de lo que el común de la gente llamaría “la ley del gallinero”, donde la ubicación en un peldaño superior otorga poder de daño sobre quien está en el inferior.
Ese carril de ida en la relación de jurisdicciones se desanda, al menos verbalmente, durante las elecciones. “¿Así que vos te quedás con la tajada más grande? Entonces salgo a prometer en nombre tuyo”, parecen decir intendentes y gobernadores, trasladando la presión hacia arriba.
Bajo esa lógica, Juan Schiaretti tapizó de promesas la provincia para las elecciones del pasado 5 de julio. Cada anuncio estaba calzado. ¿Con fondos? No, con promesas de terceros.
Esa situación se replica a nivel municipal. Todos los candidatos prometen saldar la deuda en la infraestructura cloacal, aunque coinciden en la receta: todo está atado a la ayuda provincial y nacional.
Desde lo económico, es lógico que el tema se plantee en esos términos, porque las finanzas municipales no bancan, por sí solas, un emprendimiento de esa envergadura.
Igual, a la hora de prometer, también convendría tener presente que ya van decenas de eneros que ponemos ilusionados esos mismos zapatitos, aunque los Reyes Magos que deberían traer los regalos nunca acuden a la cita.

