Fuerte tensión por un problema negado
Cristina Fernández de Kirchner no sólo necesita ganar en primera vuelta: necesita que su victoria sea inobjetable hacia el interior de ese gran movimiento que es el justicialismo. Mario Fiore.
Cristina Fernández de Kirchner no sólo necesita ganar en primera vuelta: necesita que su victoria sea inobjetable hacia el interior de ese gran movimiento que es el justicialismo y sobre el que se articula la maquinaria de poder del kirchnerismo. Por eso ayer usó su principal carta y dudó de la posibilidad de presentarse como candidata para, de esa manera, disciplinar a los dirigentes sindicales que a través de la conflictividad piden aumentos salariales y presionan de paso a la Casa Rosada para seguir tomando más y más poder político y condicionan la gobernabilidad. Nunca quedó tan claro en público que para la Jefa de Estado los principales escollos no surgen de la oposición sino del propio oficialismo. La Presidenta diseña con su círculo íntimo el mapa de alianzas con el que pretenderá ganar y gobernar. No sólo sabe que –parafraseando al salteño Juan Manuel Urtubey– Hugo Moyano es "piantavotos"; también sabe que llegó el momento de recortarle poder. Mejor hacerlo ahora, cuando su candidatura está en veremos, para negociar la mayor libertad de acción armando listas a su antojo y desmarcarse de una presión que, como dijo la Presidenta ayer, "amenaza con derrumbar todo". Detrás de esta pelea por el poder real, ese que condiciona o facilita la gobernabilidad actual y futura, se esconde un problema estructural que hasta ahora el Gobierno sigue insistiendo en negar. Si los sindicatos más "irracionales" –según la visión de la Casa Rosada– pueden tomar de rehén al resto de la sociedad haciendo paros, piquetes y obstruyendo la libertad de circulación o consumo de bienes y servicios, es sencillamente porque existe un proceso inflacionario que obliga a la tensión permanente entre gremios, Estado y empresarios. El gran temor de la Presidenta surge de la principal falla que tiene el modelo económico, sobre el que es consciente que deberá hacer ajustes. Si no se soluciona el drama de la inflación, que todos los días lanza miles de argentinos a la pobreza a pesar de la enorme cantidad de dinero que se gasta en subsidios, asignaciones y políticas de promoción social, gobernar hasta el 2015 no será tarea sencilla. Por eso, sobre todo por eso, es que la Jefa de Estado necesita en el sindicalismo figuras sensatas y reclama "fidelidad", un "bien escaso por estos tiempos" dijo ayer, para remarcar la dimensión de los fantasmas que tiene sobre aquellos "que vivan el nombre Cristina" y "hacen todo lo contrario".

