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"Fue un fogonazo en la historia política argentina"

Horacio González, fundador de Carta Abierta y director de la Biblioteca Nacional reflexiona sobre la muerte del ex presidente.

28 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
"Fue un fogonazo en la historia política argentina"

El filósofo y sociólogo Horacio González es director de la Biblioteca Nacional y uno de los principales referentes de Carta Abierta, el grupo de personas de la cultura, la educación, el periodismo, las ciencias, el cine, las artes, la poesía y la literatura que se conformó en marzo de 2008 en defensa del Gobierno nacional. –¿Cómo lo impactó la noticia de la muerte de Néstor Kirchner? –Tengo un sentimiento indefinible de vacío. Un vacío conceptual, emotivo, abismal. E inmediatamente, el sentimiento de que el dolor podría inspirar en los momentos que vamos a vivir en la Argentina la posibilidad de reconstituir lazos políticos, imaginar procedimientos más adecuados para llevar adelante tareas comunes... Me pareció doloroso porque Kirchner irrumpió muy abruptamente en la política argentina, y así se fue también. Y pensé, como parte de ese vacío de palabras para definir un sentimiento, hasta qué punto se convirtió en un político fundamental en nuestras vidas, cuando de algún modo venía de los sectores tradicionales de la política argentina. Supo interpretar los momentos que se vivían de una manera que a mí me parece adecuada, los interpretó como momentos de cambio, de originalidad, como una necesidad de actitudes nuevas; y su formación política provenía de una carrera tradicional en una provincia, con una militancia setentista que parecía olvidada. –¿Cómo definiría su paso por la política argentina? –Fue una flecha que entró en la política argentina y originó desgarramientos y discusiones de las izquierdas, de los sindicatos, de CTA, de los partidos políticos y de la vida intelectual. Kirchner fue la novedad de un llamado, que tuvo sus vaivenes, sus retrocesos, sus perspectivas que se reformulaban de tanto en tanto... fue un político de mezclas, como es la Argentina, y forjado en la escuela argentina de la política. –¿Qué impacto tuvo Kirchner en el campo cultural? –Uno de los mayores impactos. Se deshicieron lazos anteriores, se rehicieron otros, fue una irrupción inesperada y no sé si él mismo tenía los recursos para entender las reformulaciones que había hecho. Creo que su impacto en el campo cultural fue mayor incluso que el que tuvo la época de Alfonsín, que lo tuvo y mucho. Pero la época de Alfonsín no trastocó tanto las identidades anteriores: quien pertenecía a alguna familia política, radical o peronista, seguía sin duda reflexionando en términos novedosos –porque Alfonsín traía novedades–, pero sin abandonar sus respectivos campos. Kirchner hizo invitaciones y llamados que supusieron replantear la familia política a la que cada uno pertenecía. –¿A qué atribuye la simpatía que generó Kirchner en intelectuales del país? –Lo vimos como alguien de quien emanaban, a veces involuntariamente, señales de que había un camino posible, un camino que a veces parecía retroceder por sus tratos con personas de sectores poco interesantes, por decir lo mínimo, pero un camino posible. –¿Cuáles son los principales conceptos que aportó el kirchnerismo a la política? –El kirchnerismo no fue ni está siendo un conjunto de ideas articuladas. Está siendo un conjunto de sentimientos de cambio que ensayan distintos caminos. Es hijo de las contingencias de un país complejo. La fuerza de la palabra "kirchnerismo" es menos una cartilla o conjunto organizado de conocimientos que una especie de saber en circunstancias de decisión frente a cuestiones extremas, al acoso de la adversidad, un saber sobre la adversidad y sobre la reacción rápida. Sometido, como decían los viejos tratadistas de la política, a los caprichos de la fortuna. –¿Cómo cree que será recordada en el futuro la imagen de Néstor Kirchner? –Despojada la discusión en la que estamos envueltos, del concepto de crispación que se le inventó directamente para cuestionar su tipo de pasionalismo político, la figura de Kirchner será recordada como algo interesante. Un político que ha oscilado entre la extrema prudencia y el trato directo con las fuerzas de la historia. Por ser un político proveniente de las filas tradicionales, me asombró el modo en que exploró los extremos de la acción política. –¿Es comparable su muerte a la muerte de Juan Domingo Perón? –Pregunta difícil, porque el peronismo es un drama completo: la presencia, la ausencia, la caída, la llegada, el retorno... el peronismo inventó las palabras adecuadas para su drama: la lealtad, la proscripción, la resistencia. El peronismo es una formidable invención de palabras sobre lo que estaba, lo que dejó de estar y lo que volvía. Kirchner más bien es un fogonazo en la historia argentina. –Personalmente, ¿ambas muertes lo afectaron de la misma manera? –Yo sentí mucho la muerte de Perón, porque estaba involucrado en sus filas y hablaba con sus palabras. Y en el caso de Kirchner no sabría decir si es lo mismo. Ya maduro, como alguien que vio mucho la política argentina, puedo decir que ahora tengo un dolor muy fuerte y trato de situarlo junto al pensamiento político de un país turbado que va a tener que reaccionar de manera democrática y adecuada a la muerte de Kirchner. No sé, no es exactamente lo mismo. Te diría que hoy la muerte de Kirchner involucra mucho mi vida, y la muerte de Perón a la distancia no sé si la involucró del mismo modo. Fue, sí, más dramática, y originó un vacío institucional muy grande en la Argentina... y espero que este no sea el resultado de la muerte de Kirchner. Aunque nada está escrito en la política argentina. En ambos casos cabe la reflexión sobre de qué modo y cuánto dependen de una sola persona la política y las construcciones políticas que hacemos. Eso nunca se sabrá si está bien o está mal, pero así es la política argentina. –¿Se va a debilitar el gobierno de Cristina Fernández tras esta muerte? –En un sentido, se va a debilitar inevitablemente. Kirchner estaba atento a la minucia y a las grandes cuestiones. Y en otro sentido, de esa sensación de debilidad y de abismo que se va a extender sin duda, se impondrán reflexiones para reconstituir un mundo político novedoso incluso. Las fuerzas políticas que acompañan al gobierno deberán reformular muchas cosas.