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Fascinado con su mala fama

En 2004 y 2005, Guillermo Moreno era secretario de Comunicaciones, un área que a todas luces le parecía menor y le generaba cierta inseguridad por su desconocimiento en temas de tecnología. Alejandra beresovsky.

29 de septiembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Alejandra Beresovsky
Fascinado con su mala fama

En 2004 y 2005, Guillermo Moreno era secretario de Comunicaciones, un área que a todas luces le parecía menor y le generaba cierta inseguridad por su desconocimiento en temas de tecnología. Desde el Palacio de Correo diseñaba proyectos que en su mayoría quedaron inconclusos, pero iniciativas como fideicomisos o fábricas que jamás existieron lo ligaban a su aspiración de llegar a algo más. Le fascinaba todo lo malo que pudieran contar sobre él, al igual que sucede ahora. Decir que es patotero, maltratador o prepotente es absolutamente funcional al perfil que pretende proyectar. Si se pretende ofenderlo y hasta descontrolarlo de verdad –no lo que expresa con sus pantomimas de malo– sólo hay que sugerir que no tiene poder. Durante su gestión en Comunicaciones mostró cierto grado de "cholulismo" ante dueños o presidentes de grandes empresas, que sabían cómo manejarlo y en muchos casos consiguieron grandes beneficios de su mano sólo con dorarle la píldora inteligentemente. Exhibir entonces su grosería sólo sirve para engrandecer su figura, el deseo de un hombre que nunca llegó al escritorio que quería, pero construyó poder a partir de una enorme leyenda sobre su pretendida fuerza.