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Extrañas y peligrosas relaciones

A principios de los años ’70, Grossman lideró una banda de malhechores a la que llamaban “el sindicato del hampa”. Secuestró a un gerente de Pepsi.

07 de enero de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Extrañas y peligrosas relaciones

La reaparición de Carlos Ahumada Kurtz como eventualmente ligado a la novelesca fuga que tiene en vilo al país y muy preocupado al Gobierno permite rescatar sus vinculaciones con el máximo poder judicial y colateralmente con la violencia de la década de 1970. Cuando Martín Lanatta nombró al exgerenciador de Talleres como un nexo entre él y Aníbal Fernández, Ahumada –cordobés, pero radicado desde niño en México– recurrió a Eugenio Zaffaroni para que lo defendiera.Ahumada había quedado en medio de acusaciones por supuesta participación en el tráfico de efedrina a México. Allí se investiga la vinculación de miembros del gobierno kirchnerista, en especial de Aníbal Fernández.Ahumada eligió para su defensa a un exmiembro de la Corte, quien públicamente defendió al gobierno de Cristina Fernández. Hay elementos que permiten determinar que la relación entre Zaffaroni y Ahumada es anterior y data, por lo menos, de la época en que ocurrió el llamado triple crimen de General Rodríguez.En 2008, cuando Ahumada se hizo cargo del gerenciamiento de Talleres, el abogado Jacobo Grossman se presentó en La Voz del Interior como su representante legal. También se ofreció a ser el vocero del gerenciador para el caso de que se necesitara consultarle sobre el complejo pasado en México.Hoy, Grossman representa en varias causas por corrupción al exvicepresidente Amado Boudou.La relación entre Grossman y Ahumada puede resultar normal o circunstancial. Pero queda más clara por la estrecha vinculación con Zaffaroni. Grossman, de reconocida amistad con el exintegrante de la Corte, fue asesor de este en la Convención Constituyente, socio y miembro de consulta.A la relación Ahumada-Grossman-Zaffaroni –todos vinculados de una u otra manera al kirchnerismo– le falta un elemento ilustrativo, tal vez el capítulo menos conocido de la novela. A principios de los años '70, Grossman lideró una banda de malhechores a la que llamaban "el sindicato del hampa".Con aparente logística de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), la banda de Grossman se habría dedicado a secuestrar niños de familias adineradas. Pero el caso más resonante fue el secuestro de Douglas Roberts, gerente de Pepsi, por el que fue detenido en 1976.Después de pasar 14 años en prisión, y recibido de abogado, Grossman reapareció de la mano de Zaffaroni.