Exactamente el efecto buscado
El BCRA convalidó una suba de tasas para retirar dinero y evitar que se fuera al dólar.
Sonó un poco extraño escuchar al jefe de Gabinete de la Nación, Jorge Capitanich, quejarse por las altas tasas de interés que cobran los bancos y que provocaron (con otros aditamentos) el estancamiento del stock de crédito productivo y de consumo. Es extraño porque nadie puede obviar (mucho menos las autoridades) que la suba del costo del financiamiento para la actividad económica es una consecuencia de la política monetaria que viene tomando el Banco Central (BCRA) desde fines de enero último. Tras la devaluación, y como modo de frenar la pérdida de reservas y la presión a la suba del tipo de cambio, el ente conducido por Juan Carlos Fábrega comenzó a "secar" la plaza de los pesos que había emitido el propio BCRA. Lo hizo a través de una mayor colocación entre los bancos de títulos de la entidad: letras (Lebac) y notas (Nobac). Para esto, convalidó una fuerte suba de tasas de interés: para las Lebac a tres meses de plazo, por ejemplo, pasaron de 13,3 por ciento en marzo de 2013 a 28,8 en igual mes de 2014 (en diciembre estaban en 15,5 por ciento). Un aumento de 85,8 por ciento en los primeros tres meses de 2014 y de 116,5 por ciento en los últimos 12 meses. Como no podía ser de otra manera, ya que los bancos tienen estas tasas como referencia, el crédito a los privados se encareció. Pero no lo hizo en la misma medida que las tasas de las Lebac. Según la última información mensual del BCRA, la tasa para adelantos en cuenta corriente pasó de 21,4 en marzo de 2013 a 27,6 en diciembre y 33,1 en marzo último (un incremento de 54,7 por ciento en 12 meses y 19,9 por ciento en el trimestre). En el resto de las líneas, el alza fue similar y en algunas, como los préstamos personales, menor (aumentó 34,2 por ciento interanual, al pasar de 34,2 a 45,9 entre marzo de 2013 y de 2014). La intención del ente monetario fue retirar dinero para que el exceso de pesos no se fuera al dólar. La consecuencia no deseada (al menos en el discurso), pero seguramente esperada por las propias autoridades, fue el encarecimiento y la retracción del crédito. A nadie le gusta hacer un ajuste, pero era un paso necesario para evitar males mayores, aunque se diga lo contrario.

