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Estigmas y reproches a Alfonsín

Que haya tomado la decisión de conversar con De Narváez es un dato en sí mismo que habla de que está lejos de ser un timorato. Si hay acuerdo,es otra cosa diferente. Walter Giannoni.

11 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Estigmas y reproches a Alfonsín

El ecuatoriano Jaime Durán Barba, reconocido en el mundo de la política por su habilidad para construir campañas electorales en América latina y asesor de varios políticos –está trabajando con el porteño Mauricio Macri y podría hacerlo para el cordobés Oscar Aguad– señalaba días atrás que Ricardo Alfonsín goza de una imagen positiva francamente alta. "Prácticamente no tiene enemigos y ése también es un problema en la política argentina", dijo, mordaz.El comentario estaba vinculado con el hecho de que su cliente, Macri, sí arrastra frente a la sociedad una ponderable (es decir, medible en los sondeos) carga de críticos, tanto por su gestión en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires como por su posicionamiento político e ideológico, entre otras cosas.Sobre la espalda de Alfonsín, no hay nada de eso. Su imagen negativa es imperceptible en las encuestas.Entre los encuestados que expresan conocerlo, la imagen positiva del postulante equipara o supera, incluso, según la consultora que uno vea, a la de la misma Presidenta. Que lo vayan a votar en octubre, es otro tema.Para cuestionarlo, se le achaca que utiliza la imagen de su padre, su parecido con su padre, los sacos de su padre, la impostación de su padre y hasta levanta el índice de la mano derecha como su padre.También se le reprocha que simplemente es radical, una categoría difícil de llevar tras la salida de Fernando de la Rúa, porque conlleva una carga de dudas, incertidumbre y falta de definiciones que automáticamente lo convierte en un timorato incapaz de ejercer el Gobierno, más aun cuando nunca ocupó un cargo ejecutivo, algo que también se le recrimina.Ahora bien, la verdad objetiva es que Ricardo Alfonsín ya dio varias muestras indubitables de que está lejos de la vaguedad política que se le intenta atribuir.Tras la muerte de su padre, tomó la decisión primera de pelear contra la estructura partidaria en las internas bonaerenses, donde se impuso el 6 de junio del año pasado.Luego, lanzó su precandidatura presidencial y la sostuvo, aun cuando Julio Cobos era para muchos sectores un candidato "puesto", y siguió adelante frente al intento, luego frustrado, de instalar a Ernesto Sanz, quien cuando se lanzó era nada menos que presidente de la UCR nacional y tenía incluso apoyo de sectores económicos. En los últimos días, Alfonsín también tomó una decisión concreta y la mantiene: conversar con Francisco de Narváez alguna forma de acuerdo distrital. Si alcanza o no esa asociación, es otro tema. Que lo intente y defienda el criterio adentro de su partido y ante la sociedad, es un dato en sí mismo.