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Esta mujer

Cristina nunca fue sin Néstor. 35 años de sociedad conyugal y política, y dos gobiernos, fueron hasta ayer un solo tiempo: el de “los K”. Virginia Guevara.

28 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Esta mujer

A la biografía de Cristina Fernández que Editorial Sudamericana encargó a la periodista Sandra Russo le faltará, si se publica en breve, su parte fundamental: la que comenzó ayer a las 9.15, tras la muerte de Néstor Kirchner. Hasta ese minuto fatal, Cristina nunca fue sin Néstor. Fueron "los Kirchner" desde que trascendieron a la vida pública. Militancia universitaria, seis meses de noviazgo, 35 años de matrimonio, dos hijos, un estudio jurídico común, un patrimonio ganancial floreciente, carreras políticas paralelas e interdependientes por naturaleza... Y, finalmente, dos gobiernos que hasta ahora fueron un solo tiempo: el de "los K", en un plural que tendió a subestimarla, a valorar su formación siempre por detrás de la estrategia, la astucia y la fortaleza asignadas a Néstor. En pleno duelo, la Presidenta tendrá por fin su tiempo en singular. Serán 13 meses y medio de consecuencias impredecibles, que mostrarán el verdadero rostro de Cristina. El del poder pleno, si ella así lo decide.La debilidad política no parece el principal riesgo de su presente. Obsesionada por la posiblidad de esa lectura simplista que le adjudicaba el poder real a su marido, la Presidenta siempre redobló la apuesta y, de hecho, los conflictos más virulentos del kirchnerismo ocurrieron en su mandato. Nada indica que ahora vaya a optar por la estrategia contraria. ¿Pero seguirá dando batalla en las guerras que se esmeró en alimentar su marido? ¿Mantendrá en su viudez las alianzas que tanto mal le hicieron a su promesa personal de mayor calidad institucional? ¿Seguirá en la tesitura de que el peronismo disidente –junto a la prensa– es el principal enemigo?Son las preguntas que desvelan a los dirigentes y ciudadanos en general de cada rincón del país. Sin embargo, la impiadosa lógica política hoy está subordinada a cuestiones inmensamente más humanas: a qué hará con el dolor esta política de capacidad hasta ahora indiscutida, que encuentra su mayor desafío en el momento tormentoso de la tragedia personal.¿Cómo será el Gobierno ahora que la muerte dirimió de modo inapelable las enigmáticas relaciones de poder que regían a esta pareja gobernante? Las respuestas fundamentales esta vez no dependen tanto de las reglas implacables de los varones de la política, sino de otra constelación mucho más inexpugnable: la psicología de una mujer que ayer perdió a su contraparte. En todos los sentidos que esta palabra puede ofrecer.