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Entre verdades, se disimula la mentira

Los Graiver tuvieron que vender parte de sus bienes porque, muerto David Graiver, Montoneros le exigió a la familia la devolución de dineros obtenidos por el secuestro de los hermanos Juan y Jorge Born. Carlos Sacchetto.

25 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Carlos Sacchetto
Entre verdades, se disimula la mentira

El objetivo era claro: equiparar la compra de las acciones de la empresa Papel Prensa por parte de los diarios Clarín , La Nación y La Razón a los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura militar que se apropió del poder el 24 de marzo de 1976.

Eso intentó ayer Cristina Fernández, en lo que fue una nueva y cuidada puesta en escena mediática del Gobierno nacional para avanzar en su decisión política de enfrentar al periodismo crítico.

Lo hizo después de 35 años de producidos los hechos, luego de siete años de gestión kirchnerista en los que nunca se mencionó el tema y con base en un informe elaborado por el equipo del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, justamente el responsable de adulterar las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) para ignorar, por ejemplo, que en la Argentina hay una preocupante inflación.

Un contexto innegable. No existe mejor manera de disimular mentiras que ocultarlas entre muchas verdades, y eso fue lo que hizo la Presidenta. Valen algunos ejemplos. Relató con cierta precisión el dramático contexto histórico que vivió el país con la represión, la tortura, el asesinato y la desaparición forzada de personas. Nadie puede negar esa verdad histórica.

Pero omitió recordar que David Graiver fue el depositario y administrador de parte de los 60 millones de dólares que Montoneros obtuvo por el secuestro de los hermanos Juan y Jorge Born. Y que una vez muerto Graiver en un accidente aéreo, esa organización guerrillera le exigió bajo amenazas a la familia la devolución del dinero. Por eso, los Graiver tuvieron que vender parte de sus bienes en 1975, seis meses antes de ser detenidos por la dictadura.

La Presidenta incurrió en otras faltas a la verdad, como decir que el Grupo Prisa, de España, fue uno de los propietarios de la empresa Cimeco, integrada, además, por Clarín y La Nación. Y también aseguró que el Gobierno nacional no quiere apoderarse de Papel Prensa porque es del Estado y, por lo tanto, de todos los argentinos.

Era una buena oportunidad para explicar cómo funcionan hoy Canal 7 y todos los medios del Estado al servicio del kirchnerismo y de la propaganda oficial. Pero no lo hizo.