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En EE.UU. llegaron a pensar que Argentina iba a una crisis institucional

Se percibe ahora, en cambio, que el país tendrá una transición no sencilla, pero que no será explosiva. Edgardo Moreno, enviado especial a Washington DC, Estados Unidos. 

27 de abril de 2014 a las 12:02 a. m.
En EE.UU. llegaron a pensar que Argentina iba a una crisis institucional
Banco Mundial. Sede del organismo multilateral de créditos, en Washington (AP/Archivo).

Cuando el gobernador De la Sota comience mañana su agenda de actividades aquí, buena parte de sus interlocutores le transmitirán el cauteloso cambio de expectativas políticas que está operando en algunos centros de decisión de los Estados Unidos ante la certeza de la finalización del ciclo dominado por el kirchnerismo a nivel nacional.

En enero pasado, cuando la administración de Cristina Fernández resolvió depreciar bruscamente la moneda, algunos observadores temieron que la dinámica política derivara en una crisis institucional de proporciones similares a la de principios de siglo. A tres meses de aquel sacudón, esos temores han cedido.

“Se percibe ahora que Argentina tendrá una transición no sencilla, pero tampoco explosiva”, explica Ariel Fiszbein, integrante del Interamerican Dialogue, una institución que reúne a líderes públicos y privados de todo el continente para analizar los problemas hemisféricos. El actual consejo de administración está integrado, entre otros, por los chilenos Michelle Bachelet y Ricardo Lagos y el brasileño Fernando Henrique Cardoso. Fiszbein es un conocedor de las crisis argentinas.

Tras la caída de Fernando de la Rúa y durante el interinato de Eduardo Duhalde, le cupo el rol de asistir como representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en la instrumentación de programas orientados a la promoción social. En diálogo informal, recuerda los días en los que se formuló el Plan Nacer, mientras la economía nacional intentaba recuperarse de la penúltima devaluación.

“Se observa desde aquí que nadie tiene interés en que todo explote en Argentina y ese es un dato positivo”, evalúa Fiszbein al referirse a la actuación política de los principales líderes de opinión en el país.

El hecho de que a 18 meses del desafío electoral para el recambio presidencial en Argentina existan cuatro bloques políticos en competencia y media docena de candidatos –que coinciden en un discurso más consensual y moderado– genera un escenario de mayor predictibilidad, sostiene.

Ausencia

En otros centros de pensamiento de la capital norteamericana, la mirada contempla otros matices. Michael Werz es miembro senior en el Center for American Progress.

Se trata del think tank con el cual el presidente Barack Obama innovó en Washington DC. Sus oficinas tienen mucho del clima apacible, despojado y descontracturado que suele imperar en las grandes empresas tecnológicas. Con mayoría absoluta de jóvenes, se parece más a un Apple Store que a las severas dependencias del antiguo complejo Watergate, donde alguna vez fueron espiados los dirigentes demócratas. Buena parte de sus integrantes migró hacia la Casa Blanca y otras dependencias de la administración Obama, pero el banco de ideas continúa nutriendo con proyectos a la agenda del gobierno.

Werz explica con solvencia los grandes debates que atraviesan en estos días la política norteamericana: la reforma inmigratoria y el vuelco irreversible de la mirada de Estados Unidos y Europa hacia el Pacífico. Pero cuando alude a Argentina, Werz no oculta su desconcierto. “Argentina está ausente en Washington y fuera de la conversación global”, advierte.

Le sorprende que, aunque tenga diferencias legítimas con las opiniones e intereses que disputan en la capital norteamericana, Argentina no participe con su postura en debates que la involucran. “Por ejemplo, la seguridad alimentaria”, explica.

Riesgos

En lo q ue coinciden tanto los técnicos de los think tanks como los especialistas que estudian las tendencias económicas en organismos multilaterales de crédito es en la descripción de los grandes trazos de la nueva coyuntura económica.

Estados Unidos y Europa han comenzado a recuperarse de la crisis que estallara en 2008, conocida por la caída de la banca Lehman Brothers, pero las expectativas de crecimiento para China y América latina no son tan optimistas.

Luego de años de crecimiento exponencial de sus economías, los países latinoamericanos cerraron en conjunto el año pasado con estimaciones de crecimiento más modestas. Proyecciones que al final de 2013 eran cercanas al cuatro por ciento para el agregado regional se ajustaron tras el primer trimestre de este año a 2,5 por ciento y con tendencia a la baja. En voz baja, algunos técnicos del Banco Mundial revelan que, dentro de ese panorama, la proyección para Argentina ronda el límite de la recesión. Décimas más o menos, el cero por ciento.

Sus primos del Fondo Monetario hacen silencio cuando se les transmite esa estimación. Desde hace años, no tienen ningún registro estadístico de la economía argentina. Hasta tanto normalice los indicadores del Indec, está directamente fuera de todo cálculo. Los grandes progresos que había alcanzado la región en la lucha para disminuir la pobreza están en riesgo. Durante una década, admiten en el Banco Mundial, Argentina había conseguido por primera vez tener más clase media que pobres, aunque todavía mantiene un 38 por ciento de la población en situación de vulnerabilidad. La cuestión es que dos tercios de esa mejora se explicaron por el crecimiento económico y sólo el tercio restante por menos desigualdad. Si el crecimiento se detiene, explican, esos logros estarán en serio riesgo de desaparición.