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Ella habla sola

Tal vez, algunos de los seguidores de la Presidenta lo calificarían como un acto de cipayismo, si no fuera porque lo protagonizó ella. Adrián Simioni.

27 de septiembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Ella habla sola

Tal vez, algunos de los seguidores de la Presidenta lo calificarían como un acto de cipayismo, si no fuera porque lo protagonizó ella. Cristina Fernández acaba de responder, por primera vez, una pregunta en público sobre la inflación. En Washington, ante la curiosidad –esa sí, legítima, parece– de estudiantes de la Universidad de Georgetown. En Argentina no se consigue. En la "capital del Imperio", en cambio, no queda otra que mostrarse civilizado. La Presidenta había aludido en público a la inflación, por primera y última vez, el 22 de noviembre, ante la Unión Industrial Argentina. Pero fue en un discurso. No, en una conferencia. Toda la mención fue: "Pero entonces no me vengan a hablar de la inflación, después", les dijo a los industriales, parte de los cuales pedía por esos días, por lo bajo, acelerar una devaluación. C'est tout . Al que no le gusta, a llorar al campito.Ante ese auditorio, Cristina Fernández dijo, muy oronda, que con los periodistas habla "todos los días, con la prensa hablo muchísimo", cuando un estudiante le preguntó por la falta de conferencias de prensa. Lo cierto es que, lo que se dice conferencias, ha ofrecido cinco, sumando la de ayer. La primera fue el 2 de agosto de 2008. Su marido y ella sumaban 62 meses ejerciendo la Presidencia y la sala de Prensa de la Rosada todavía estaba virgen. Las otras fueron el 2 de agosto de 2008; el 29 de junio de 2009, luego de perder las legislativas; el 15 de agosto de 2011, tras elecciones primarias; y el 18 de mayo de 2012, durante su visita a Angola. De cinco conferencias en total, dos han ocurrido en el exterior. Las ventajas de hablar sola, ante estudiantes de otros países que no tienen por qué conocer detalles, o sin dar lugar a repreguntas, son extraordinarias: una retórica elemental sobra para salir del paso.Ayer, por ejemplo, la Presidenta pudo "rebatir" la pregunta sobre la inflación, ofreciendo como ejemplo de la solidez de los datos del Indec el hecho de que el gobierno de su opositor Mauricio Macri ha incorporado en el presupuesto de 2012 la proyección de inflación oficial. Su auditorio no tiene por qué saber que todas las provincias han hecho lo mismo desde siempre, porque esa es la práctica, eso es lo que les cabe esperar para estimar cómo evolucionarán sus ingresos fiscales derivados del orden nacional y porque la política monetaria que determina la inflación no es un resorte que ellas manejen.Se supone que es la Nación la que lo hace. Y si la Nación estima que la inflación del año próximo será de 10,8 por ciento, los gobernadores tienen que creer o reventar.La Presidenta también puede decir: "Si realmente la inflación fuera del 25 por ciento, ¿cómo creció la economía al 8,9 por ciento en 2010 y al 9,2 por ciento el año pasado?". No habrá nadie que le diga que, justamente, al subcalcular la inflación, el Indec necesariamente sobrevalora la suba del producto interno bruto, dado que a la valuación en pesos corrientes de varios rubros de la economía la tiene que deflactar luego con un índice ficticiamente bajo. Y que, por eso, el valor a precios constantes de esos rubros termina siendo ficticio y levemente más alto de lo que debería.