El riesgo de los concursos a dedo
La Provincia concursará cargos jerárquicos y el riesgo de manipulación es alto. Pero no puede ser peor que la designación a dedo. Virginia Guevara.
En febrero de 2007, la Legislatura provincial introdujo un cambio profundo en el escalafón del personal de la Provincia de Córdoba: dispuso que los cargos técnicos más encumbrados deben ofrecer permanencia -hasta ahora son políticos y transitorios- y deben ser cubiertos a través de concursos abiertos a todos los ciudadanos, cuando hasta hoy son designados a dedo por el Gobierno de turno.
Si todo funcionara como se debe, sería un avance. La norma parece señalar el camino de la selección de los más aptos para los cargos técnicos, que son los que garantizan la correcta aplicación de las políticas de Estado, y además ofrece -por la vía de la estabilidad plena o por cinco años- la posibilidad de una continuidad de esos programas.
Todo muy lindo para el caso de que las intenciones sean las declaradas en la ley, los cargos fueran los necesarios para el correcto funcionamiento del Estado, y los concursos fueran transparentes. Ahora bien, la misma norma ofrece otra posibilidad: la creación de una enorme estructura de cargos técnicos que en realidad oficien de guaridas para garantizarles trabajo a los amigos, aun cuando cambie el partido de Gobierno. El peor escenario sería que, si gana otra fuerza política, el nuevo gobernador invente más cargos para ubicar a sus amigos y se dupliquen los puestos jerárquicos.
Veamos las señales que ofrece la gestión de Juan Schiaretti. El Gobierno llama a concurso para cubrir 747 cargos jerárquicos por concurso abierto de antecedentes y oposición. Pero antes modificó casi todas las orgánicas: de los puestos existentes, eliminó casi 300 e incorporó unos 1.300 nuevos cargos, entre los que aparecen puestos de nombres descollantes. Hasta ahora la Provincia no ofreció explicaciones consistentes para semejante crecimiento de cargos.
La ex Dipas sirve de ejemplo: los puestos jerárquicos pasaron de cuatro a 17, con el cambio de orgánica.
Ahora Schiaretti llama a cubrir los puestos para los que la ley exige "concursos abiertos a todos los ciudadanos". Pero antes encaró otro proceso: una lluvia de designaciones interinas que dejó más del 60 por ciento de los puestos en manos de amigos.
Esas personas tendrán 10 puntos extra por estar donde están, y además serán evaluadas por los mismos funcionarios que las nombraron, ya que los concursos no prevén jurados externos. No se trata de un detalle menor, ya que el examen y la entrevista personal que constituyen la prueba de oposición otorgan un tercio del puntaje total.
La manipulación de los concursos es una posibilidad concreta, que sólo puede evitarse con participación, control social y exigencias públicas de transparecia. Es un riesgo. Lo cierto es que en las designaciones a dedo la única alternativa es el acomodo.

