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El relato, los relatos

Todos los gobiernos y los actores sociales vertebran su discurso para una construcción simbólica de la realidad que se parezca a su conveniencia. Los K lo han llevado al extremo. Roberto Battaglino.

19 de septiembre de 2012 a las 12:01 a. m.
El relato, los relatos

Domingo al mediodía. El consultor almuerza con su familia y amigos. Entran mensajes al chat de su smartphone . El anfitrión pide disculpas a sus invitados y responde lo que le consulta el propio gobernador, José Manuel de la Sota. Están un rato intercambiando mensajitos. Es sobre lo que dirá al otro día respecto de la relación con la Nación y el anuncio de una obra. El gobernador quiere saber la manera de tener más impacto en sus dichos y en el contenido de la publicidad oficial.Sábado a la mañana. Un importante secretario del gabinete de Ramón Mestre se apresta a practicar deportes. Mientras elonga, suena dos veces su teléfono. La voz al otro lado de la línea le reprocha la manera en que se difundieron unos datos de su área. Lereclama que, más allá de la precisión del informe, hay que mostrar de otro modo esos números. El funcionario corta sorprendido. Su único superior, supuestamente, es el intendente y quien lo llamó es una persona que no tiene cargo en la Municipalidad. Como en el caso anterior, también ostenta el difuso título de consultor.Las dos escenas carecen de elementos ficcionales; yocurrieron en las últimas semanas. Sirven sólo a modo de ejemplo, con pequeñasdescripciones de la vida doméstica, de cómo se construye el relato desde el poder. Todos los actores sociales tienen (tenemos) un relato. Una manera de contar las cosas, donde quedan expresos nuestra cosmovisión, nuestros sentimientos, nuestros intereses. Sin embargo, hoy todos hablamos del relato K. Y está muy bien que lo hagamos. Si bien cada gobierno va articulando un discurso oficial para intentar que los ciudadanos perciban la realidad tal como lo pretende el poder, Néstor y Cristina Kirchner han llevado hasta el extremo esa construcción simbólica.¿Por qué hablamos tanto del relato K? Porque el kirchnerismo ha hecho casi una religión de esa conducta humana de forzar los hechos para ajustarlos a su conveniencia. Con esos componentes de religioso que suele tener el discurso político, con apelaciones que apuntan más a creer que a convencer. Así, del Indec al cepo cambiario, de la épica militante a la austeridad espartana, de la pareja líder al proyecto "nacional y popular", día tras día, el Gobierno enhebra conceptos y mensajes en busca de que la realidad sea lo más parecido a lo que le conviene. Lo hicieron todos, es justo decirlo. De manera cruel y sangrienta, los dictadores. Con diversas estratagemas, los democráticos.Pero, y también les pasó a todos, la realidad que construye el relato no es blindada. Tiene grietas. Y la protesta ciudadana del jueves pasado puso al descubierto, por enésima vez, esas fisuras del discurso K. Así, no resistieron un round los que descalificaron la protesta por la ropa de los manifestantes (se olvidaron de que les iban a contestar sobre la vestimenta de la Presidenta y los suyos). Después, quedaron aún más desubicados los funcionarios del Gobierno que hacen gala de la ampliación de derechos, cuando dijeron que la plaza pública no es para cualquiera o que la marcha fue armada por "profesionales", como si la estética K fuese sólo voluntarista, amateur , romántica y militante. Carteles. El relato K irrita. No hay dudas. De hecho, unas de las razones de la contundencia de la protesta de la semana pasada fue el rechazo a cierta retórica y enunciación del discurso oficial. Pero lo cierto es que hay otros relatos. Hay otras construcciones de la realidad. Por caso, por citar sólo un ejemplo, cuando el Gobierno provincial cambia los carteles que instruían sobre seguridad vial a los automovilistas en las rutas por otros que promocionan consignas de gestión y la figura del gobernador, también está armando su relato.Cristina tiene su relato, lo viene construyendo desde hace casi nueve años. De la Sota tiene el suyo, armado por profesionales y estrategas nacionales y extranjeros desde hace más de una década. Mestre comienza a forjarlo. Son graduaciones y ajustes de la realidad a la conveniencia en escalas muy diferentes. Lo que es cierto es que estamos lejos de vivir en un país en el que haya un relato único.