El próximo bicentenario
Seis años pasaron entre el primer gobierno patrio y la declaración de la independencia, seis años de avances y retrocesos, seis años al menos en que los criollos no se quedaron inactivos, inertes, desesperanzados, abatidos. La pregunta ahora es otra: ¿de qué o de quién nos tenemos que independizar los argentinos hoy? ¿Cuánto tiempo más hay que esperar para encontrar al menos una dirección a donde caminar?
Tal vez hoy sea el momento de volver al concepto de independencia como la voluntad de la Nación de asumir la soberanía y conducir sus propios destinos, sin reconocer ningún otro poder exterior. Quizás sea el momento de establecer nuevas conquistas; la conquista de la identidad, de la confianza, de la honestidad, del trabajo.
La fecha simbólica del 9 de julio de 2016 se recorta en el horizonte como una invitación a mirar el porvenir de la Patria con una conciencia lúcida y profunda de lo que significan los tiempos históricos en la vida de una nación.
A los Argentinos se nos presenta hoy la oportunidad de empezar a crear las condiciones que nos permitan poner proa hacia el futuro sobre la base de una estrategia de planeamiento que mire hacia un horizonte de 5 años, como el que nos propone el calendario nacional.
Cinco años no son demasiados si realmente queremos pasar a un sistema que consagre como prioridad la planificación para el mediano y el largo plazo.
Dirigir los ojos hacia el 9 de julio de 2016 será el mejor modo de construir un modelo de organización nacional que se perpetúe en el tiempo y convierta a nuestro país en lo que todos deseamos que sea: una República previsible, confiable, en la que los cambios se midan en función de los tiempos históricos y no de los cimbronazos que provocan la imprevisión y la incapacidad para mantener un desarrollo coherente, sistemático y parejo.

