El primer capítulo de una larga novela
Los macristas festejaron con la división del bloque K en Diputados. Ahora, el desafío del Gobierno está en el Senado, donde la oposición es más fuerte.
La jugada estaba en preparación desde diciembre, cuando Mauricio Macri asumió la presidencia. Desde aquel primer minuto del gobierno de Cambiemos, el nuevo oficialismo tenía en mente el objetivo de dividir al Frente para la Victoria (FPV) por lo menos en Diputados. Y de este modo asegurarse aunque fuera el control de una de las dos cámaras y tener herramientas para frenar cualquier avanzada del kirchnerismo duro en contra de sus planes. El macrismo observó con felicidad los movimientos dentro del FPV. El presidente de la Cámara Baja, Emilio Monzó, y su mano derecha, el joven Nicolás Massot, venían tendiendo puentes, desde hacía varias semanas, con los legisladores que ayer dieron el portazo. "Los escuchamos y atendemos sus inquietudes", reconoció uno de los negociadores del PRO. La estrategia legislativa tuvo su contraparte en la Casa Rosada, donde el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, afinó la sintonía con los gobernadores del PJ que necesitan recursos para sus provincias y que, a la vez, expresan necesidad de que el partido dé una vuelta de página. El desafío para Cambiemos es ahora sostener alianzas con los sectores del peronismo que no integran el FPV: el massismo-delasotismo (UNA), con 28 diputados; el grupo conformado por los puntanos de Rodríguez Saá y exmassistas (8) y los 15 legisladores que ayer se fueron del kirchnerismo. A ellos se podrían sumar nuevos aliados, como los diputados santiagueños que responden a Gerardo Zamora o los del Movimiento Popular Neuquino. Con esta masa crítica, el oficialismo podrá defenderse de un eventual rechazo que hagan los K en el Senado de los DNU de Macri, y darles así validez definitiva, ya que basta con que una de las dos cámaras los ratifique. Pero al oficialismo le queda aún un largo camino por recorrer en el Senado, donde Cambiemos y todos los anti-K no llegan a equiparar el número de 40 legisladores que tiene el FPV. En la Casa Rosada, creen que serán determinantes los convenios con los gobernadores. El titular del FPV en el Senado, Miguel Pichetto, está dispuesto a negociar, pero hay un grupo de 10 a 15 miembros de su bancada que tiene una actitud más beligerante. La intención del macrismo es avanzar en acuerdos, pero son conscientes de que para esto será necesario aislar al cristinismo lo más posible del PJ.

